Cuarta ola feminista: No son las mujeres… es el sistema.
Por Susana Reina
El movimiento feminista, como teorĂa polĂtica y movimiento social es relativamente reciente. Si bien desde hace unos 7000 años las mujeres hemos vivido bajo condiciones de sumisiĂłn y discriminaciĂłn, es desde el siglo XVII en que el feminismo se manifiesta como proyecto colectivo de lucha.
Amelia Valcárcel, una brillante catedrática madrileña, acuñó lo que ella llamó las tres olas del feminismo, como una forma de estudiar las diversas manifestaciones que las mujeres organizadas realizaron a lo largo de estos últimos 200 años.
La primera ola o “el feminismo ilustrado” (de la RevoluciĂłn Francesa a mediados del siglo XIX) teniendo en la inglesa Mary Wollstonecraft y la francesa Olympe de Gouges, sus máximas representantes. Las banderas de este periodo fueron: educaciĂłn, ciudadanĂa y derecho a ser tratadas como iguales.
La segunda ola o “feminismo liberal sufragista”, desde mediados del siglo XIX a mediados del XX, hacen énfasis en el derecho al voto de las mujeres y el derecho al trabajo. Figuras notables de este periodo, Elizabeth Cady Stanton y Emmeline Pankhurst, dieron su vida por estas causas.
Surge hacia los años 50 del siglo pasado, la tercera ola o “el feminismo contemporáneo” con autoras notables como Simone de Beauvoir y Betty Friedan. En esta etapa las banderas fueron la liberación sexual, la violencia de género, aborto, contracepción, la conquista del propio cuerpo. Pero también puso el acento en la visibilización de los aportes de la mujer en múltiples campos del conocimiento, la necesidad de remunerar el trabajo doméstico, la presencia del techo de cristal, el escaso éxito en el ascenso de la mujer al poder, entre otros.
Y ahora, en este siglo XXI, pareciera que estamos siendo testigos de excepciĂłn del nacimiento de una cuarta ola para algunas filĂłsofas feministas, como Rosa Cobo o Celia AmorĂłs, que consiste en un despertar global de conciencia sobre la verdadera raĂz de la opresiĂłn femenina, que ha mantenido incĂłlume al machismo como sistema de creencias durante toda la historia, a pesar del lĂłgico reclamo que justifican las reivindicaciones que las mujeres han demandado y exigido.
Es un lugar comĂşn sostener que las mujeres no llegan a tener lo que desean porque tienen dĂ©ficits de algĂşn tipo, buscando que estas encajen en un patrĂłn predeterminado ya dado, y entonces se las “empodera”, para que se adapten a una ilusiĂłn de igualdad, lo que hace más dura la lucha, culpabilizando a la vĂctima de su poca suerte.
Si bien las banderas de esta cuarta ola siguen siendo las mismas que las que le anteceden (aĂşn en este siglo hay paĂses donde las mujeres ni reciben educaciĂłn, ni votan, ni abortan libremente) el foco en esta ola se pone en el sistema, no en las mujeres. En las reglas de juego que nos ponen a jugar, no en las individualidades.
Y esto es importante porque los cambios y avances de algunos grupos de mujeres en el mundo registrados a la fecha, se han dado al parecer sin que el patriarcado haya cedido como patrĂłn cultural desde donde se educa y condiciona la actuaciĂłn de hombres y mujeres, dejando a estas Ăşltimas por fuera de cualquier esquema de privilegios. Pareciera que son concesiones que se van haciendo bajo la presiĂłn de grupos organizados, pero sin que se altere de fondo la estructura que lo sostiene. Involucrar a los hombres en la tarea es fundamental, construir nuevas masculinidades que den paso a una nueva forma organizativa del sistema social, una prioridad.
Por eso la tarea que nos convoca está clara. En este momento preciso de la historia, varias generaciones de mujeres estamos conviviendo y compartiendo una conciencia de gĂ©nero Ăşnica, mujeres de la segunda y tercera ola, y las más jĂłvenes que están asumiendo el testigo, sensibilizadas todas por el terrible impacto de la violencia machista, por la inequidad en las oportunidades, y por el desigual reparto del poder. No es una, somos todas. La respuesta es polĂtica y sistĂ©mica.
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Publicado en la web del Instituto Progresista de Venezuela, 19 marzo 2018
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