Diliany Rincón y Deisibeth Semprún, estudiantes de la Escuela de Psicología en la Universidad Rafael Urdaneta, presentaron este trabajo como parte de la Cátedra Psicología de la Mujer y Género que coordino desde hace unos años. Ellas se propusieron como objetivo analizar la influencia del machismo que existe en la corresponsabilidad dentro de la salud sexual y reproductiva y más específicamente, reforzar el pensamiento de la salud sexual como un derecho fundamental y reproductivo e identificar fallas institucionales que limitan la inclusión efectiva de los hombres como corresponsables. Mediante el analisis cualitativo, buscaron categorizar las actitudes y patrones que presentan los varones en la planificación familiar y el cuidado de la salud.
Lo compartimos por aquí para su conocimiento y lectura.
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En el pasado, la Salud Sexual y Reproductiva (SSR) ha estado principalmente focalizada en el cuerpo y las necesidades de la mujer, desplazando al hombre a un rol secundario o de mero proveedor, y concentrando su participación solo en la prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y en la provisión de métodos anticonceptivos reversibles como el condón (Rodríguez et al., 2016).
La corresponsabilidad masculina es un concepto que busca la evolución y transformación de esta dinámica, redirigiendo la participación del varón como un deber necesario y, en simultáneo, un derecho compartido con su pareja a lo largo del ciclo reproductivo y de salud sexual, incluyendo desde la crianza hasta la planificación familiar (Diaz-Rojas et al., 2020). Por lo que esto, conlleva a la participación activa, libre de imposición o violencia y promueve el bienestar de ambos (Molina et al., 2020).
El inicio de la corresponsabilidad en Venezuela está representado en el marco jurídico. Por ejemplo, La Norma Oficial para la Atención Integral en Salud Sexual y Reproductiva del país describe el rol del estado como responsable de los derechos sociales y, propone que las parejas tienen el derecho de decidir libre y responsablemente el número de hijas e hijos que planeen concebir. Además, se enfatiza que, la maternidad y paternidad son amparadas por la ley, donde se establece el deber compartido de formar, educar, encargarse, criar, asistir y solventar económicamente a los hijos e hijas (UNFPA y UPEL, 2013).
La legislación por su parte, reconoce y avala el derecho de la población adolescente a ser educados e informados respecto a la SSR para maternidades y paternidades voluntarias, sanas y, fuera de riesgos, a partir del principio constitucional de corresponsabilidad (Ohoa-Marin y Vásquez-Salazar, 2012). Sin embargo, la dirección de las políticas públicas hacia la transformación de esta dinámica continúa siendo una problemática social.
Respecto a los desafíos que enfrenta la corresponsabilidad, esta supone barreras culturales producto de la masculinidad hegemónica (machismo), el término consta de una serie de creencias y prácticas que disminuyen y restringen la participación activa de los hombres en actividades o labores socialmente designadas para mujeres, que incluyen los quehaceres domésticos como limpiar y cocinar o cuidados generales. (Sona, 2018).
Por otro lado, visibilizar el poder de la decisión de la mujer toma aún más fuerza, en contextos vulnerables o donde existe violencia económica y/o pobreza, parejas indígenas o en sectores amplios de Latinoamérica, la elección y decisión del uso de métodos anticonceptivos sigue siendo regida por las relaciones de poder enfocadas en los hombres, quienes se encargan de consentir o no la negociación de sus parejas (Iniciativa Spotlight y UNFPA, 2021).
En cuanto a los servicios androcéntricos, los estudios han arrojado la relación entre la política y servicios de salud pública o no, históricamente priorizando el foco a las necesidades o requerimientos femeninos, lo que disminuye y delimita la participación y reconocimiento de les necesidades masculinas frente a esta problemática. Los hombres continúan perpetuando la idea, y manteniendo la perspectiva errónea de los servicios de Planificación Familiar (PF) como “consultas para mujeres”, lo que denota una falta de conocimiento y una actitud poco satisfactoria hacia la PF compartida (UNFPA y UNICEF, 2013).
Metodología
La presente investigación adopta un enfoque cuantitativo, con un alcance correlacional o explicativo, dirigido a la medición y análisis estadístico de la relación entre variables clave que establecen las dinámicas de poder en las relaciones de pareja. Su propósito fundamental es descifrar de qué manera la persistente desigualdad de poder se erige como una barrera que obstaculiza la plena corresponsabilidad masculina en el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos femeninos.
Para alcanzar este nivel de introspección, se ha seleccionado un Diseño Fenomenológico, altamente conveniente para capturar el fenómeno social tal como es sentido y significado por sus protagonistas. Esto se convierte en la herramienta esencial para indagar las subjetividades, permitiendo develar las sutiles y profundas barreras que la asimetría de poder impone en la esfera íntima, especialmente en las decisiones sexuales y reproductivas.
La población objetivo se define en hombres y mujeres actualmente en relaciones de pareja. Se aplicará un muestreo que priorice la calidad y riqueza de los relatos, de forma que la compilación se extienda hasta lograr la recolección de, por lo menos, treinta personas en situación de pareja, que funcionen para crear una comparación y estimación de las dinámicas relacionales en la actualidad.
La recolección de datos se enfoca en torno a instrumentos que son cruciales para desentrañar la complejidad humana de estas dinámicas. El instrumento principal es un Cuestionario Semiestructurado y la Entrevista a Profundidad (a través de preguntas abiertas) para capturar la riqueza de las narrativas que ilustran la estigmatización y la negación de la autonomía experimentadas.
Finalmente, la estrategia de análisis de datos se configura como un Análisis de Contenido Cualitativo riguroso (Codificación Abierta y Categorización). Este proceso metódico de transcripción e interpretación del discurso busca identificar patrones y temas emergentes que pongan en evidencia el núcleo de la asimetría de poder. Dicho enfoque interpretativo no solo es crucial para determinar los componentes de la desigualdad, sino que también está diseñado para impactar la realidad, orientando la investigación hacia sus objetivos trascendentales: incitar a la deconstrucción social para fomentar la responsabilidad sexual y reforzar la salud sexual como un derecho fundamental plenamente ejercido.
Hallazgos
Esta valoración fue hecha mediante un análisis de los hallazgos cualitativos de la región; para evaluar la corresponsabilidad se aplicaron varias entrevistas a profundidad para evaluar la corresponsabilidad, lo que permitió inferir las circunstancias en contextos socioculturales análogos como el venezolano.
En las preguntas asociadas a la planificación familiar, por ejemplo, se utilizó una encuesta con preguntas abiertas y cerradas, complementada con entrevistas, y concluyó que los conocimientos y actitudes no eran satisfactorios, con varones que citaban frases como «no puedo faltar al trabajo por cualquier cosa» o la creencia de que «esas son cosas para las mujeres lo resuelvan». Estos resultados demuestran la internalización de roles de género rígidos que dificultan la corresponsabilidad, donde el rol de proveedor económico siempre tiene prioridad sobre el rol de cuidador o planificador; por lo que, se confirma la necesidad de analizar la toma de decisiones y el nivel de comunicación ya establecido con la pareja (Lorena, 2003).

En aquellas preguntas relacionadas a la percepción masculina sobre la reproducción, se halló una tensión entre el deseo de los hombres de ser padres plenamente involucrados y la realidad de la crisis socioeconómica, lo que refuerza el machismo con la posición de “hombre proveedor” que toman, ya que se ven en la obligación de cumplir con la carga de ser el único o principal rol de aporte económico en la familia. Esto puede aumentar el estrés y la frustración, lo que influye a una menor responsabilidad emocional y disponibilidad física para el cuidado y la negociación sobre la reproducción. Por eso, se considera que el involucramiento paterno va más allá de la provisión económica y, en cambio, debe ser un apoyo emocional y físico, lo que tiene un impacto positivo en la mujer (Molina et al, 2020).

Las preguntas que tenían relación con el uso de métodos anticonceptivos tuvieron diversos resultados, pero el 50% de los entrevistados dijeron la misma respuesta: “ella sabe qué le cae mejor”, “ella es quien va al médico y lo usa”. Lo que demuestra un claro desentendimiento por parte del varón con respecto al uso de los métodos de anticoncepción, dejando toda la responsabilidad a la mujer. Esto enfatiza una clara problemática, ya que el compromiso en la pareja es un asunto de suma importancia que afecta las opciones anticonceptivas, el bienestar físico y mental del responsable, y la interacción en la pareja (Aspilcueta-Gho, 2013).

Asimismo, debido a la precariedad de los servicios de salud y los costos tan elevados de los mismos, se suman como impedimentos culturales para la plena corresponsabilidad del hombre relacionado a la reproducción, lo que conlleva una ausencia de estrategias y voluntad para involucrar a los hombres en la toma de decisiones sobre la salud sexual y reproductiva. Por esto mismo, se necesitan protocolos de atención para que el personal de la salud promueva activamente la participación masculina desde la adolescencia, y no solo para prevenir enfermedades o infecciones de transmisión sexual, sino en la planificación familiar y el cuidado de los hijos.
Al preguntarle a los hombres si deseaban tener una mayor participación tanto en la crianza como en la SSR todos dieron una respuesta afirmativa, aunque justificaron su ausencia o baja participación con respuestas como: “…pero no puedo faltar al trabajo por cualquier cosa”, “esas son tareas para cuando no tengo nada que hacer”; lo que refuerza la idea del hombre como proveedor exclusivo, que no debe preocuparse o responsabilizarse (directamente) por estos temas, ya que la mujer “puede hacerse cargo sola” (Morales et al, 2016).

Finalmente, para cerrar la entrevista, se realizaron dos preguntas esenciales para medir el impacto de la corresponsabilidad compartida a ambos miembros de la pareja. Estas preguntas sirvieron como una forma de identificar y establecer una verdadera importancia a los roles compartidos equitativamente dentro de una relación para una mayor satisfacción, un mejor vínculo afectivo y que los beneficios recibidos tanto para la mujer como el hombre sean iguales, ya que todo esto impacta positivamente en el bienestar, salud y empoderamiento de las mujeres; así como en la estabilidad económica de la familia, la salud y el bienestar de los hombres (Iniciativa Spotlight y UNFPA, 2021).

Conclusión
La corresponsabilidad masculina en la salud sexual y reproductiva es imperativa para alcanzar la equidad y bienestar social, ya que, pasaría de ser una carga exclusiva de las mujeres a una responsabilidad compartida de forma activa con los hombres. El hecho de que se adopte esta postura en la interacción entre parejas, promueve tanto la autonomía corporal y la SSR de las mujeres como la construcción de relaciones profundas y satisfactorias con los hombres, lo cual conlleva a que mejore la salud y la calidad de vida familiar. Sin embargo, lograr esto sigue siendo uno de los más grandes desafíos que se presentan como un obstáculo para el alcance de la igualdad de género en el actual siglo XXI.
Si bien la legislación venezolana promueve la corresponsabilidad en la paternidad, finalmente son solo palabras en papel que no producen ningún cambio real en la práctica de la vida cotidiana de los ciudadanos, ya que la sociedad venezolana exhibe un machismo y tradicionalismo altamente arraigado a sus raíces, debido a que, se sigue promoviendo la idea del rol paterno como un secundario tanto en el ámbito familiar como en su responsabilidad referente a la salud sexual y reproductiva de la pareja.
Por lo tanto, se considera necesario que cambien o modifiquen ciertas políticas públicas generales, y, sobre todo que se pongan en práctica de forma activa, que supere el enfoque hacia la mujer y se creen métodos efectivos para involucrar de la misma forma a los hombres en la SSR. El cambio hacia una paternidad activa es, finalmente, una tarea en conjunto que beneficiara a todos los integrantes de la familia, promoviendo relaciones más respetuosas y disminuyendo la violencia.
BIBLIOGRAFIA
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Diaz-Rojas, D., Guerrero, C., Robles- Carreño M., Rodríguez-Medina J. & Lafaurie, M. (2020). Hombres, salud sexual y salud reproductiva: avances de la investigación reciente en América Latina. Revista Colombiana de Enfermería, 2(19) 2346-2000. https://doi.org/10.18270/rce.v19i2.2946
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Molina, N., Cardona, B., Arias, M. & Echeverry, M. (2020). Sentidos y corresponsabilidad del hombre en torno al nacimiento: una experiencia de formación para la paternidad. Infancias Imágenes, 19(2),10-21. https://bibliotecadigital.udea.edu.co/server/api/core/bitstreams/da91c3f0-5405-4821-b1cc-04788ce6e59f/content
Ohoa-Marin & Vásquez-Salazar (2012). Salud sexual y reproductiva en hombres. Revista Salud Pública. 14 (1): 15-27. https://www.scielosp.org/pdf/rsap/2012.v14n1/15-27
Rodríguez Morales, V., Díaz Bernal, Z., Castañeda Abascal, I., & Rodríguez Cabrera, A. (2016). Conocimientos y actitudes de varones acerca de la planificación familiar. Revista Cubana de Salud Pública, 42 (1), 101-114. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=21444931011
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Sona, F (2018). Masculinidades Hegemónicas y Salud Sexual y Reproductiva en San Salvador de Jujuy. ASTROLABIO 20, 189-212. https://doi.org/10.55441/1668.7515.n20.17815
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