Existe un tema que causa aún mucha polémica y como siempre, salimos las feministas como culpables de botarle el tetero al Niño Jesús ¡No querían ser libres e iguales, pues paga la mità de la cuenta!
El dinero y su aplicación en una pareja sigue siendo un tema delicado, casi tabú para algunas personas los estudios de la psicóloga argentina Clara Coria así lo confirman, demasiadas falsas creencias según se aprecia en las discusiones que periódicamente suelen presentarse en redes sociales que son nuestras nuevas plazas públicas digitales, aquello se convierte en patà y kunfú, donde ellos se burlan de ellas por querer paridad, respeto e igualdad en la relación, algunas de ellas no saben expresar su inconformidad con un supuestamente “justo” 50/50 que algunos machos aplican habiendo ellos pedido whisky de malta o el estilo Canaima con el que más de una se ha topado después de haber sido INVITADA! ¡Realmente en esa fauna masculina se encuentra de todo como en botica!
¿Quién debería pagar la cuenta? El uso y la costumbre establecen que quien invita, paga. Aún con toda la modernidad de estos tiempos del siglo XXI eso es lo que las normas de urbanidad de una sociedad civilizada establecen como rasgo de buena educación, sin embargo, la realidad de los bolsillos de nuestra pareja en vías de conocimiento pueden establecer limitaciones a esta regla que si está escrita pero nadie lee, ¡Mucha gente menciona el Manual de Urbanidad de Carreño pero pocos han tenido el gusto de conocerlo! ¿Entonces, quién paga? En un primer momento, en esas primeras salidas donde empiezan a tratarse y a conocer intimidades mutuas debería pagar el bolsillo con más fortaleza que suele ser el de ellos por motivos que paso a explicar luego. Hacerse cargo de los gastos le permite al “caballero” dirigir la reunión con libertad y soltura porque se supone que es su intención (para tener OPORTUNIDAD de conocer a la “dama”) y porque planificó la salida ex profeso. Una cosa es un café improvisado y OOOOOTRA invitar a una cena, a bailar, o a una fiesta, ¡En el amor como en las guerras se planifican las tácticas y los movimientos! Si usted quiere conquistar imagina escenarios, acciones y estrategias porque su propósito es crear la situación para conocer a esa mujer, evitar el rechazo o que lo piense mucho y generar confianza para que ella se sienta cómoda y lo acepte. ¿O no es así?
Nota de advertencia para caminantes: ¡Estimada compañera! Si Ud. se topa con un espécimen de esos que imponen el estilo Canaima (cada quien paga su vaina) habiéndola invitado y sin advertírselo, asúmalo como lo que es: ¡Una inmensa bandera roja con intermitentes y todo! Además de una total falda de educación, consideración y respeto, esa persona ve la relación de pareja como una especie de empresa comercial donde cada uno “pone la mità” independientemente de cuánto gane cada quien, ¡y así hará él siempre! ¡Ese no sirve ni como amigo! ¡QDEP y punto! ¡Dele paso al siguiente!
De acuerdo a estudios tanto de universidades como de instituciones financieras y económicas internacionales las mujeres suelen devengar sueldos más bajos que los hombres. La brecha salarial de género es la diferencia porcentual promedio de los ingresos entre hombres y mujeres por trabajos de igual valor. A medida que el cargo corresponde a los niveles más altos de la jerarquía organizacional esta brecha se amplía hasta llegar a niveles que superan el 60% o más en puestos de alta gerencia, porque no solo se trata del nivel de remuneración mensual sino también de la cantidad y tipo de beneficios laborales conexos. A nivel general se estima que esta brecha se ubica en un 20% en la mayoría de los países. ¿Por qué ocurre esto? Entre otras cosas porque las mujeres están sobrerrepresentadas en los sectores y cargos peor remunerados, siendo las mujeres la mayoría de graduadas en las universidades no ocupan en la misma proporción los cargos directivos en el mercado de trabajo. La discriminación estructural contra las mujeres por motivos sexistas, la maternidad que impone interrupciones laborales, y después de la pandemia del COVID se dice que estamos ooootra vez a 100 años de lograr la igualdad salarial entre hombres y mujeres.
El mercado de trabajo, ese lugar intangible donde acuden oferentes de puestos de trabajo y solicitantes de esos cargos es estructuralmente machista (porque es un reflejo de la sociedad machista en la que vivimos) y ellas tienen menos oportunidades para obtener los cargos mejores pagados en razón de su sexo, el “techo de cristal”, es decir, las barreras invisibles fundamentadas en prejuicios y normas no escritas que impiden a mujeres cualificadas el acceso a altos cargos directivos mejor remunerados es una realidad que obstruye el desarrollo profesional de las mujeres, también el “piso pegostoso” que a semejanza del techo de cristal, constituye una serie de barreras invisibles y estructurales que dificultan o niegan el ascenso laboral de las mujeres manteniéndolas en los niveles de más baja jerarquía en cargos mal remunerados con escasa movilidad profesional, a ésta situación también contribuyen todas aquellas situaciones relacionadas con las cargas familiares y las responsabilidades domésticas y de cuidado que tienen tradicionalmente las mujeres a su cargo que dificultan que ellas puedan participar laboralmente en igualdad de condiciones que los hombres.
El trabajador masculino encarna el modelo de “trabajador ideal” que demanda el mercado de trabajo independientemente de que sea una organización pública o privada: Hombre (siempre le dan prioridad a su contratación), sin carga familiar o doméstica (porque la delegan al punto de sentir que NO existe) con disponibilidad total de tiempo para atender las demandas de la organización porque en el caso de ser casados o tener familia, tienen en casa (no les van a exigir guarderías o medidas similares) a alguien que los sustituya o en quien delegar esas responsabilidades: una madre, esposa, hermana, etc.
Esto no ocurre con las mujeres aun siendo casadas o conviviendo con familiares. No tienen libre disposición de su tiempo para dedicarlo a su desarrollo laboral porque tienen que organizar la delegación de sus responsabilidades familiares domésticas y de cuidado antes de asumir compromisos laborales que puedan solaparse o colisionar con ellas (quedarse después de la hora de salida para una reunión, asistir a eventos fuera de la sede de la empresa o fuera de la ciudad tipo congresos, etc.) y esta delegación muchas veces debe ser pagada por la propia mujer porque no entran en los aportes “alimentarios” que deben hacer los padres como en casos de divorcio. En dos platos: una mujer con cargas familiares y de cuidado no es dueña de su tiempo y eso se paga con desarrollo profesional y limitaciones económicas. Es como ser una malabarista tratando de mantener en el aire todas las pelotas sin que se le caiga una, por eso en muchas circunstancias deben renuncias a sus aspiraciones profesionales para poder conciliar vida familiar y laboral. No es que tengan menos capacidad para alcanzar los cargos más altos de la organización sino que compiten con desventaja con ellos cargando pesos que los hombres no tienen y contra una jerarquía machista donde prevalece como política laboral no escrita la sobrevaloración del trabajo masculino.
Las organizaciones desde el punto de vista laboral reflejan los sesgos sexistas de la sociedad donde existen, que haya paridad e igualdad entre los sexos es una política que exige voluntad de su dirigencia (no ocurre por osmosis, tiene que ser algo intencional) para aplicarlas y eso, hasta la fecha y con muy raras excepciones, son medidas que cuesta implementarlas sin resistencia: currículos ciegos, normativas para prevenir acoso laboral y sexual, prevención de la violencia machista y discriminación contra las mujeres, paridad en la conformación y participación de las mujeres en los equipos de trabajo y gerencias, etc.
¡Dicho esto! ¿Cómo compartimos la cuenta? Lo justo en los primeros momentos del cortejamiento sería que pagara quien invita (usualmente ellos) porque quien invita sabe que su bolsillo tiene la capacidad de invitar, luego cuando haya más conocimiento y confianza se comparten gastos en función de las posibilidades de cada uno. Con sinceridad, en el camino se emparejan las cargas porque si usted quiere compartir con esa persona que le atrae y con la cual hay posibles planes de emparejamiento el dinero no puede convertirse en un problema que impida el disfrute.
Muchas veces las mujeres no aceptan que las inviten o les paguen la cuenta porque no quieren sentirse “comprometidas” con ese hombre (mientras aún no lo conoce ni tienen confianza), sobre todo por experiencias previas, propias o de amigas, de criaturos que invitan una cena pretendiendo “derecho a desayuno”, ese tipo de hombres son los que le generan mala reputación al género masculino y ante la duda ¡Si no tengo rial, no voy!
La idea del cortejamiento es brindar confianza y respeto si la intención por supuesto es conocer a la persona porque te atrae con miras a una posible relación amorosa. Las salidas en el principio del cortejamiento son de conocimiento mutuo pero también de evaluación de quién eres como persona, ¿Cómo tratas al parquero o al señor que limpia? ¿Cómo te diriges al mesonero o a la camarera? ¿Qué tipo de sitios y actividades escoges para invitar? No eres un microbio pero durante ese lapso estás debajo de una lupa.
¡Hay tipos que son unos verdaderos chancletudos en materia de dinero aunque lo pretendan disimular! Son egoístas y mezquinos ¿Qué se le puede hacer? Debería haber dicho “personas” ¡Porque también hay mujeres con ese defecto horroroso! Si usted está tratando de enamorar a alguien se supone que espera amarla, y amar significa cuidar y PROTEGER, procurar el bien de la persona amada ¿Cómo va a andar con pichirreces? ¡Así querida amiga! Que si Prospecto anda contando los centavos que “invierte” en usted ¡Ahí NO es! ¡Siga de largo y apéese en la próxima parada!
¡Por cierto! SIEMPRE lleven dinero suficiente (en efectivo si es posible, a veces no hay señal) para regresar en taxi a su casa desde cualquier punto de la ciudad y por supuesto, tenga saldo en el celular y la aplicación del taxi instalada en su teléfono, ¡Nunca se sabe!