La corresponsabilidad parental está dejando de ser una utopía. Cada vez más países desarrollan estrategias para “desestimular” la irresponsabilidad paterna en esos hombres que son lamentablemente mayoría, que andan felices por la vida sin recordar que sus hijos también comen diariamente, crecen, que necesitan ropa y necesitan también saberse amados por su padre, así como oportunidades para un mejor futuro con los recursos que sus padres (padre y madre) le pueden proporcionar. ¿Cómo un adulto que se considera maduro puede ignorar las necesidades de hijos y que ellos tienen el deber y la obligación de cubrir en al menos un 50%, y hablo de “al menos” porque aún no se ha logrado que, dentro del cálculo de la pensión alimentaria, entre un porcentaje del valor estimado del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que las madres realizan 24 horas en lugar de los padres ausentes.
Los tribunales de familia están llenos de demandas contra “padres” para obligarlos a cumplir con el mantenimiento de sus hijos. Que hombres abandonen a sus familias y las dejen en la inopia no es un fenómeno nuevo e impune y sin consecuencias para el abandonador, salvo cuestionamiento social de sus conocidos ¡Si acaso eso ocurría! El abandono que era socialmente sancionado y hasta penado por las leyes era el de las mujeres (¡Claro! Si el tercio se quedaba sin “cachifa” que lo atendiera, le mantuviera la casa gratis y de paso le criara a los muchachitos que él exponía como evidencia de masculinidad). Ellas eran las que perdían todo derecho a ver a sus hijos porque en aquellos tiempos no tenían patria potestad, los hijos “pertenecían” a los hombres. (Hablo de mitad del siglo XX hacia atrás).
Con el advenimiento de leyes que reconocieron la patria potestad a las mujeres y el divorcio civil, las familias enfrentan nuevos desafíos: madres que podían divorciarse, que mantenían la guarda y custodia de sus hijos, pero sin rial porque ese era el castigo a su rebeldía, mientras los Estados hicieron oídos sordos a esa injusticia. En el ejercicio de las maternidades y paternidades también entran los estereotipos y roles de género, el doble parámetro de discriminación machista. La responsabilidad sobre el cuidado y crianza ha recaído tradicionalmente sobre las mujeres y desde que existe el divorcio civil, también muchas asumieron la manutención exclusiva o con muy poca, poquísima colaboración del padre de los muchachitos. Las madres son las que se preocupan y ocupan de su bienestar cubriendo según sus posibilidades las necesidades en cada etapa de sus vidas, no solo alimentación, vestido o educación en el colegio más económico, que el progenitor no gestante puede encontrar… ¡Cosas se han visto acerca de miserias humanas, mezquindades y egoísmos!
Basta sentarse una mañana (sobre todo los lunes) en la sala de espera de cualquier tribunal de familia y escuchar en silencio para quedar con los pelos como escarpias de tanta historia de indiferencia y crueldad paterna. Los tipos hacen maromas para evitar pagar la pensión de sus hijos y evitar que les embarguen sus cuentas bancarias como si sus niñas/os no tuvieran derecho a vivir con bienestar y dignidad. Si como están las cosas dos sueldos son insuficientes para mantener a una familia imaginemos las ronchas que pasa un hogar monomarental con un padre irresponsable. En mi opinión esa conducta miserable equivale a un aborto, un parricidio en toda regla del que la sociedad poco dice y nada reclama, con sanciones eficientes de lo tan normalizado y naturalizado que está semejante conducta machista porque socialmente hablando, los hombres no tienen responsabilidades domésticas ni familiares.
Sabemos que por socialización de género la relación de hombres y mujeres con el dinero también es diferenciada (Clara Coria “El sexo oculto del dinero”). Mientras que para los hombres el dinero que ganan es para sus necesidades en primer lugar (tienen una partida “secreta” que nunca reconocen su existencia y cuya aplicación es para SU ocio y SU esparcimiento: sus salidas de los viernes con los amigos). Para las mujeres y sobre todo si son madres el orden de prioridad es diferente: en primer lugar, necesidades de los hijos/as, luego las necesidades del hogar (comida, pago de servicios, etc) y luego, el remanente, si queda, es para sus necesidades personales, siempre y cuando, por supuesto, lo anterior esté cubierto o resuelto. No es que las mujeres sean “santas” sino que nos han educado para ser responsables con los hijos, primero muertas que dejarlos pasar hambre… Es muy raro ver demandas contra mujeres en tribunales por obligaciones alimentarias morosas de los hijos.
Erradicar la paternidad irresponsable es un cambio cultural que requiere presión social y presión jurídica de los Estados, mantener a los hijos debería ser espontáneo por convicción y amor pero, lamentablemente, el machismo estructural no permite que las mentalidades masculinas cambien. A nadie se le puede imponer amar y proteger a sus hijos porque eso nace del corazón y de la conciencia moral, por esto es necesario coaccionarlos para que al menos, por amor a su conveniencia cumplan con el pago de lo que les corresponde aportar oportunamente y así evitar las consecuencias legales que tal “falta” acarrea.
En México existe un Registro Nacional de Deudores Alimentarios que afecta la solicitud de créditos bancarios, expedición de pasaportes, embargo de nóminas con penas de prisión de 1 a 6 años. Creo, sin embargo, que deben seguir afinando la estrategia para no dejar por fuera a hombres que trabajan por su cuenta (informales) ¡Que es la gente común y corriente que abandona a sus hijos a la buena de Dios y su madre!
En Colombia existe el REDAM desde 2021, Registro de Deudores Alimentarios Morosos, con sanciones que afectan solicitudes de créditos, ventas de propiedades, salida del país, suspensión del empleo si el moroso es funcionario público, registro en una base de datos en las Centrales de Riesgo.
Es decir, se está imponiendo la tendencia de considerar el abandono paterno un delito justiciable ante las instancias del Estado y con consecuencias económicas, administrativas y hasta penales para el moroso alimentario.

En Argentina me parece que les dieron donde verdaderamente les duele y puede provocar un verdadero cambio cultural, siendo un país fanático del futbol… para atender el grave problema social de la paternidad irresponsable, el Estado ha tenido que imponer sanciones que reduzcan el número de hombres deudores de pensión estableciendo medidas sancionatorias que los coacciona a cumplir y difíciles de evadir, para garantizar que esos hogares monoparentales con jefatura materna tengan el ingreso regular que les corresponde. De esta manera no tendrían que acudir periódicamente a los tribunales para exigir justicia para sus hijos, medida que contribuye a descongestionar los tribunales porque automatiza la sanción y la mantiene vigente dentro del sistema de monitoreo y contribuye a reducir el índice de pobreza femenina porque, al tener las mujeres que financiar al irresponsable, cubriendo lo que él no aporta para sus hijos/as, las mujeres caen en una pobreza inducida por el machismo de su ex pareja.
“No es lo mismo querer hijos que querer criar hijos, los hombres quieren hijos como los niños quieren mascotas: Menos exigir y más cuidar, y esto aplica a todas las facetas de sus vidas”
Valeria Castro @Noval33t (X) 22/08/2025
Es triste que demasiados hombres no amen a sus hijos/as, no los cuiden ni procuren generosamente su bien. Para mí es incomprensible ¿Cómo no querer y desentenderse de la carne de tu carne? ¿Cómo se olvidan de sus hijos/as y no les preocupa qué será de sus vidas y su bienestar, si viven, si tienen salud, si comen o pasan frío y necesidad? Como madre me resulta total y absolutamente incomprensible, por eso me alegra que ¡al fin! el abandono paterno se esté tipificando como delito y sancionando legalmente para que esos tipos de baja catadura moral no puedan evadir sus responsabilidades impunemente. El abandono paterno es un crimen que marca vidas permanentemente.
En Argentina se quedaron sin entrar a los estadios de fútbol por maulas hasta que salden sus obligaciones económicas con sus hijos y cumplan oportunamente con el pago regular de sus obligaciones. Que cada vez más países apliquen legislaciones similares para que valga la pena denunciar ante los tribunales a los padres irresponsables. Que el sistema esté diseñado de tal manera que las evasiones sean imposibles y les suba el costo al incumplimiento reiterado del pago oportuno de lo establecido para sus hijos, hasta lograr que sea impensable, para los mismos hombres, abandonar económicamente a sus hijos y eso que no incluyo las necesidades emocionales y psicológicas que todos los seres humanos tenemos de un padre presente y comprometido desde la infancia porque no se le puede pedir peras al olmo. ¡Hubo que pegarles en el bolsillo porque es el lugar donde verdaderamente les duele la presión!

