Por Carolina Hernández León.

¿Qué está pasando en las familias?

¿Qué tiene que estar sobreviviendo una mujer junto a sus hijos para que escapar del agresor pueda parecer más peligroso que permanecer junto a él o regresar a su lado?

¿Qué tantas amenazas, pérdidas, miedos reales, temores fundados, dependencia económica, violencia institucional y violencia vicaria tienen que atravesar las mujeres para que pedir ayuda deje de sentirse como una salida y comience a sentirse como un riesgo mucho peor?

Existe una realidad que estamos perdiendo de vista: para muchas mujeres, la violencia dentro del hogar no termina cuando la relación finaliza, para el hombre su relación principal no es con su esposa e hijos, el hombre puede separarse de la esposa y los hijos pero no se divorcia de su violencia, ese es el vínculo al cual recurre si le ayuda a infundir todos esos miedos o si a través de ese vínculo mantiene atada a la mujer a través de sus hijos en común. Es por esto que la violencia vicaria es una violencia de género.

El agresor puede y va a utilizar a los hijos para continuar ejerciendo poder y control sobre la madre: amenazarlos, instrumentalizar sus derechos y los derechos de sus hijos, disputar su cuidado, utilizarlos como mensajeros, provocar conflictos, generar miedo a perderlos o lo que es mucho más común de lo que se cree, recurrirá a procesos legales para mantener el vínculo a través del control coercitivo.

Eso también es violencia vicaria: utilizar a personas significativas para la mujer, particularmente sus hijas e hijos, como instrumentos para dañarla, controlarla o mantener el sufrimiento después de la separación, no por semanas o meses, sino por años.

Por eso resulta profundamente injusto preguntarle a una mujer:

“¿Por qué no se fue?”

“¿Por qué regresó?”

“¿Por qué no denunció?”

«Por qué retiró la denuncia?»

¿Quiere meter preso al padre de sus hijos?»

Las preguntas tienen que ser otras:

¿Qué encontró ella cuando intentó salir? A qué se van a enfrentar las mujeres cuando deciden salir del ciclo de violencia, abuso y manipulación, porque es así cuando «salen» cómo muchas mujeres se enteran que no estaban en una relación sino en un ciclo de violencias, manipulación y abuso emocional.

Porque algo tenemos que dejar en claro, muchas mujeres no están eligiendo entre violencia y libertad. Están intentando sobrevivir en un escenario donde salir puede significar perder ingresos, vivienda, redes familiares, estatus, seguridad, estabilidad emocional o incluso el contacto con sus hijos, NNyA.

Y cuando existe violencia vicaria, la amenaza adquiere una dimensión depredatoria: el temor que no es infundado ya no se limita a lo que el agresor pueda hacerle a ella; también está el temor de lo que el depredador pueda hacerles a sus hijos o de cómo pueda utilizarlos para seguir alcanzándola.

Desde esta perspectiva, esto obliga a dejar de interpretar la permanencia como consentimiento, debilidad o falta de carácter de las mujeres.

Una mujer puede querer profundamente salir de una relación y, al mismo tiempo, estar atrapada en una estructura cultural de violencia que hace extremadamente costosa la salida, al menos una salida segura y sin mayores riesgos para ella y sus hijos

Por eso decir simplemente “vete a la primera” no es una política de protección ni prevención. Si lo primero que se enfrentan las mujeres no es una salida segura, ya que de requiere de condiciones materiales y sociales para que pueda ocurrir: protección efectiva, vivienda, ingresos, redes de apoyo sólidas y duraderas, asesoría jurídica, atención psicológica especializada, así como autoridades e instituciones capaces de reconocer las dinámicas de violencia sin convertir a las víctimas, mujeres e infancias en responsables directas de resolverlo todo solas.

Las hijas e hijos, niñas, niños y adolescentes no pueden ser tratados como objetos de disputa entre adultos, los niños, niñas y adolescentes son personas con derechos.

Quizá lo más urgente a resolver no sea: “¿Por qué ella volvió? ¿Por qué se casó con él?

Sino ¿Qué estamos haciendo como sociedades, autoridades e instituciones para que una mujer llegue a considerar que regresar con quien la violenta puede ser menos peligroso que intentar escapar de él?

Cuando una mujer tiene que elegir entre el agresor y un sistema que no consigue protegerla, no estamos frente a un problema aislado de «falta de voluntad o échale ganismo». Estamos frente a toda una estructura de violencias, desigualdades y fallas de protección para todas las mujeres e infancias, en general.

La salida no debería depender de cuánto violencia sea capaz de justificar, soportar o denunciar la mujer que no siempre sabe lo que podría pasarle, a ella y sus hijos, si se queda o se va. Pero si sabe que está sobreviviendo bajo RIESGO.

Nos urge sociedades, autoridades e instituciones judiciales capaces de hacer posible que las mujeres y sus hijos puedan salir vivos de esa «unión» seguros y con sus derechos intactos, sin que exista la más mínima posibilidad de que el agresor use el sistema de justicia para convertir los procesos y amparos en un desgaste económico, emocional para las mujeres e hijos, él sabe que puede imponer su voluntad solo porque encuentra las continuas justificaciones de las autoridades e instituciones de justicia «el señor tiene derechos» pero no a continuar su violencia.

 

Carolina Hernández León.

Co-Fundadora de Voces de la Violencia Vicaria. Acompañamiento Resiliente a Mujeres en riesgo y vulnerabilidad de violencia vicaria. Activismo Pro Derechos de la infancia

 

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