Por Daphnée Chapon
¿Estarías a favor de la poligamia? La respuesta puede cambiar mucho dependiendo de la situación en la que te encuentres. No es lo mismo ser la persona que tiene varias parejas que ser quien tiene que compartir a su pareja con otras personas.
Nos encontramos en Senegal, donde la poligamia sigue siendo una tradición profundamente arraigada, aunque en los últimos años su práctica ha ido disminuyendo tanto en las zonas rurales como en las ciudades (Ba Gning, Antoine, 2015). Pero, ¿cómo hemos llegado a una situación en la que los hombres pueden tener varias esposas y las mujeres no tienen las mismas posibilidades? ¿Qué hace posible que esta diferencia se haya naturalizado dentro de la sociedad?
Para hablar de poligamia no podemos hablar únicamente de matrimonio. También tenemos que hablar de educación, economía, trabajo, cuidados, sexualidad y reproducción. Todos estos elementos están relacionados y ayudan a entender el lugar que ocupan las mujeres y los hombres dentro de la sociedad.
¿Cómo se organiza la poligamia?
La poligamia puede tener diferentes formas y generar situaciones distintas para las personas que forman parte de ella. En algunos casos, las esposas viven juntas y organizan entre ellas determinadas tareas. En otros, cada esposa tiene una vivienda diferente y el marido se desplaza entre ellas.
En algunos hogares existe incluso un sistema de turnos. Cada esposa tiene determinados días en los que se ocupa especialmente del marido, de la cocina y de otras tareas domésticas. Durante esos días, cada mujer puede sentirse como si fuera la única esposa. Esta organización busca mantener un cierto equilibrio entre las diferentes mujeres (Ba Gning, Antoine, 2015).
Pero que exista una organización entre las diferentes esposas no significa necesariamente que todas tengan el mismo poder. Para entenderlo, también hay que mirar quién controla los recursos, quién toma las decisiones y qué posibilidades tiene cada persona de elegir.
El matrimonio y la posibilidad de elegir
Para muchas mujeres, las desigualdades empiezan mucho antes del matrimonio. La educación que reciben las niñas, la importancia de la virginidad, las expectativas familiares y las normas relacionadas con la sexualidad pueden condicionar sus posibilidades de decisión.
En los testimonios recogidos por Awa Thiam aparece la historia de Médina. Ella cuenta que fue casada a pesar de que no quería hacerlo. Rechazó casarse con el hombre que había sido elegido para ella, pero su padre la amenazó y llegó a decirle que la mataría si no aceptaba. La decisión del matrimonio estaba en manos de la familia y de los mayores, mientras que su propia voluntad quedaba en un segundo plano (Thiam, 1978)
La historia de Médina plantea una cuestión importante: ¿aceptar significa realmente elegir?
Una mujer puede aceptar una decisión porque es lo que espera su familia, porque teme las consecuencias de rechazarla o porque no tiene los recursos necesarios para construir otra alternativa.
El dinero también forma parte de la relación
La economía es otro elemento fundamental. Dentro de las familias polígamas, el hombre puede ocupar una posición central en la distribución de los recursos entre los diferentes hogares. Las aportaciones económicas pueden variar según las posibilidades de cada esposa, pero cuando las mujeres dependen económicamente del marido, también pueden tener menos capacidad para tomar decisiones (Ba Gning, Antoine, 2015).
Esta situación aparece también en la obra de Mariama Bâ. Tras la muerte de Modou, Ramatoulaye descubre que algunas decisiones económicas tomadas por su marido habían perjudicado su situación y la de sus hijos. Cuando Modou se casa con Binetou, comienza a dedicar importantes recursos económicos a su nueva esposa y a su familia, mientras reduce el apoyo que daba a Ramatoulaye y a sus doce hijos (Bâ, 1979).
Aquí vemos cómo las relaciones afectivas y las económicas están mucho más relacionadas de lo que parece.
Tener recursos propios puede cambiar la posición de una mujer dentro de la familia. No es lo mismo depender económicamente de otra persona que tener un trabajo y poder tomar decisiones sobre el propio dinero.
¿Quién cuida?
La poligamia también está relacionada con el trabajo y los cuidados. Las mujeres realizan tareas domésticas, cocinan, hacen la compra, trabajan en el campo y participan en diferentes actividades necesarias para mantener a la familia. En algunos hogares polígamos, las tareas pueden repartirse entre las diferentes esposas (Ba Gning, Antoine, 2015).
Para algunos hombres, esta estructura familiar puede convertirse en una forma de seguridad durante la vejez. Las esposas, los hijos y otros miembros de la familia pueden participar en los cuidados y en las tareas cotidianas.
Sin embargo, para las mujeres la situación puede ser diferente. Cuando envejecen y ya no pueden realizar determinados trabajos, pueden depender principalmente de sus hijos. Después de la muerte de un marido polígamo, algunas mujeres pueden encontrarse además en una situación económica vulnerable (Ba Gning, Antoine, 2015).
Cuando llega otra mujer
La historia de Yacine muestra una situación todavía más difícil. Yacine estaba embarazada de su tercer hijo y vivía con su marido. Una noche, él llegó a casa acompañado de otra mujer y le dijo que era su nueva esposa. También le dijo que tendría que dejarles la cama y dormir en una esquina de la habitación junto a sus dos hijos (Thiam, 1978).
Yacine dependía económicamente de su marido y decidió permanecer en silencio y aceptar la situación (Thiam, 1978).
Su historia muestra que la llegada de una nueva esposa puede tener consecuencias muy diferentes para hombres y mujeres. Para él, puede significar comenzar una nueva relación. Para ella, puede significar perder espacio, atención y poder dentro de su propia familia.
En este caso, también aparece aquí el dolor emocional y la sensación de no ser escuchada ni tenida en cuenta.
¿Por qué algunas mujeres aceptan la poligamia?
Esta es quizás una de las preguntas más difíciles. Si algunas mujeres viven situaciones de dependencia, competencia o sufrimiento, ¿por qué la poligamia continúa siendo aceptada por algunas de ellas?
No existe una única respuesta. El matrimonio tiene una gran importancia social y familiar. Para algunas mujeres, casarse con un hombre que ya tiene otra esposa puede ser una posibilidad de acceder al matrimonio y evitar quedarse solteras. Además, algunas mujeres pueden encontrar beneficios en compartir determinadas tareas y responsabilidades con otras esposas, especialmente en contextos rurales (Ba Gning, Antoine, 2015).
Las mujeres tampoco son únicamente receptoras pasivas de esta realidad. Pueden desarrollar estrategias para mejorar su posición dentro de la familia. Cuando tienen un trabajo remunerado y recursos económicos propios, pueden conseguir una mayor autonomía y capacidad de decisión (Ba Gning, Antoine, 2015).
Por eso, no podemos hablar de “las mujeres” como si todas vivieran la poligamia de la misma manera.
Sexualidad y control
La sexualidad es otra de las cuestiones que atraviesan esta realidad. ¿Por qué la poligamia es una posibilidad para los hombres y no para las mujeres? ¿Por qué existe esa diferencia entre la libertad sexual de unos y el control sobre la sexualidad de otras?
Estas preguntas también están relacionadas con otras prácticas que aparecen en la vida de las mujeres, como el matrimonio forzado, la virginidad o la mutilación genital femenina. Fatou Sow señala que, en los debates feministas africanos, la cuestión de la sexualidad también está relacionada con la posibilidad de controlar la fecundidad y decidir sobre el propio cuerpo. Para muchas mujeres, antes que hablar de libertad sexual, la prioridad es poder decidir cuándo tener hijos y cuántos tener (Sow, 2008).
En este sentido, el control no afecta solamente a las relaciones de pareja. También puede afectar al cuerpo, a la reproducción y al trabajo de las mujeres. Fatou Sow señala además que las mujeres africanas pueden enfrentarse a diferentes formas de violencia, entre ellas el matrimonio precoz o forzado, la poligamia y las mutilaciones genitales femeninas (Sow, 2008).
La mujer puede acabar ocupando diferentes posiciones dentro de este sistema: como esposa, madre, cuidadora y trabajadora. Pero la pregunta es si puede decidir realmente sobre cada una de estas dimensiones de su vida.
¿Y si miramos más allá de estar a favor o en contra?
Es fácil observar una práctica diferente a la nuestra y juzgarla desde fuera. Pero comprender no significa justificar. Significa intentar entender por qué una práctica existe, qué función cumple dentro de una sociedad y, sobre todo, cómo la viven las personas que forman parte de ella.
La poligamia no se vive igual en todas las familias. Existen diferencias según el lugar, la edad, los recursos económicos y la posición que ocupa cada persona.
También es interesante mirar esta cuestión desde otra perspectiva. El escritor maliense Fodé Diawara, en Le Manifeste de l’homme primitif, defendía la poligamia y cuestionaba que la monogamia representara necesariamente una forma de progreso. Según recoge Coudy Kane, Diawara consideraba que algunos intelectuales y élites africanas habían adoptado el modelo de familia monógama de tipo burgués debido a una “alienación cultural” relacionada con Occidente y el cristianismo. Awa Thiam criticó posteriormente estas ideas por considerar que contribuían a justificar la opresión que sufrían las mujeres (Kane, 2021).
Esto nos recuerda que la comparación entre poligamia y monogamia occidental tampoco es tan sencilla. No se trata simplemente de pensar que un modelo es más libre que el otro, sino de preguntarnos quién tiene capacidad real para decidir dentro de cada uno.
Además, aunque la práctica continúa estando presente en Senegal, los datos muestran que ha disminuido durante los últimos años tanto en las ciudades como en las zonas rurales (Ba Gning, Antoine, 2015).
Por eso, quizás la pregunta inicial “¿estás a favor de la poligamia?” sea demasiado sencilla.
La pregunta que me parece más interesante es otra: ¿Puede existir libertad cuando hombres y mujeres no tienen las mismas posibilidades para elegir?
Esta pregunta no pertenece únicamente a Senegal. También nos obliga a mirar nuestras propias sociedades y preguntarnos quién decide sobre el cuerpo, el deseo, la sexualidad, el matrimonio, los cuidados y la vida de las mujeres. Porque una cosa es aceptar una tradición y otra muy diferente es tener realmente la libertad de elegirla.
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FOTOGRAFÍA PROPIA: DAPHNÉE CHAPON. PODOR-SENEGAL-2026

