Por Maithé Riera
Soy corredorA.
Con la última A en mayúscula porque sí que hay una diferencia importante entre ser corredor (hombre) y ser una corredora (mujer) y no hablo del desempeño deportivo, de los tiempos ni de los records, esa conversación se las dejo a los profesionales, me refiero a la diferencia de comportamiento que tenemos que observar nosotras para practicar nuestro deporte sin poner en riesgo nuestra seguridad, me refiero a todos los backups thoughts que son el telón de fondo de nuestras corridas y la actitud del entorno hacia nosotras.
Un corredor que se está preparando para un maratón tiene que correr (cómo mínimo) cuatro veces por semana con sesiones de entrenamiento que pueden durar hasta dos horas. Si trabajas o estudias te encuentras haciendo malabares con la agenda, hasta ahí todo igual que para nuestros compañeros hombres, sin embargo, siendo mujer no puedo madrugar (como debería), el Parque del Este a las 5.30 am está aún oscuro y si no hay un compañero corredor corriendo conmigo me da miedo. Puedo ser emboscada y la oscuridad esconde a cualquiera que quiera hacerme daño.
Me ha tocado correr cercano o entrado el medio día, con un sol y un calor inclemente. A veces me gustaría quitarme la franela y correr con mi top, emular a mis compañeros hombres que corren sin camisa, pero pocas veces lo he hecho, cuando lo hago los hombres que ralentizan la marcha del carro (si estoy en Los Próceres) y me gritan cosas desde el carro aumentan. En ocasiones siento que sólo me pongo los audífonos para que ellos crean que no los escucho.
Mi ex entrenador, un ex atleta uruguayo muy competente y que me acompañó durante dos años, me preguntó insistentemente si había tenido sexo recientemente y hace cuanto tiempo había sido, evadí responderle la pregunta porque me sentí incómoda, me la repitió diciéndome que él era el profesional y que sabía por qué lo hacía. Me pregunto si él le hace ese tipo de preguntas a sus alumnos hombres y si insiste en caso de que se nieguen, ya no es mi entrenador.
No soy la corredora más veloz, soy más bien promedio, sin embargo, he notado con frecuencia que cada vez que rebaso a un hombre que también está corriendo suelen apretar la marcha para tratar de no dejarse rebasar e, incluso, inclinan su cuerpo para bloquearme el espacio. No entiendo por qué lo hacen.
Una vez me aventuré a correr cerca de mi casa, es una zona segura pero un tanto solitaria en Caracas, siempre veo hombres entrenando por acá, cuando lo hice un motorizado dio tres vueltas en menos de quince minutos, no sé por qué lo hizo, si está perdido o algo. No volví a hacerlo, ya sé por qué solo veo hombres usando esta ruta.
En las líneas de partida de las carreras noto como el espacio se hace más estrecho si lo ocupa una mujer, si es un hombre alrededor de él hay un margen de respiro que tanto hombres como mujeres respetan. A veces me pregunto qué tengo que hacer para disfrutar de ese pequeño espacio.
Tengo una amiga que es ultra maratonista y vive en Panamá, hace un año me llamó llorando para decirme que había parado su entrenamiento, un motorizado (allá en Panamá) le dio una nalgada que le desgarró el músculo. Mi amiga mide 1.80 m, se viste con mallas largas, ya no corre en la vía, solo corre en parques. Pienso que, si eso le pasa a ella, qué queda para mi que mido 1.62m y corro con shorts.
Corro, amo correr y lo seguiré haciendo, este año puede que corra mi tercer maratón. Pero en el running, como en la vida misma, la libertad que me da sentir que corto el aire con mi cuerpo y mi fuerza en cada carrera, tienen un límite que va más allá de mis fuerzas o de mi resistencia: mi género.
Así que sí, soy corredorA. Y eso nunca se me olvida.