La soledad de los hombres no marca el fin del amor, sino el fin del privilegio.

La soledad de los hombres no marca el fin del amor, sino el fin del privilegio.
noviembre 21, 2025 Veronica Arvelo

Últimamente se repite mucho la frase de que los hombres están viviendo una “epidemia de soledad”. Que están quedándose solos, que ya nadie los quiere, que las mujeres nos volvimos tan exigentes que solo nos fijamos en un porcentaje mínimo de ellos. Algunos incluso aseguran que la culpa es del feminismo, que nos “echó a perder”, que ahora ya no sabemos amar, que preferimos estar solas antes que construir. Y tal vez tengan razón en una sola cosa: sí, muchas mujeres están eligiendo la soledad. Pero no porque no sepan amar, sino porque aprendieron a amarse a sí mismas.

Hay estudios que intentan explicarlo. Según PhillyVoice (2024), el 40 % de los hombres dice sentirse solo al menos una vez por semana, y más del 60 % reconoce que no tiene con quién hablar de lo que siente. No se trata solo de falta de pareja, sino de vínculos: de amigos, de redes, de intimidad. Y sí, la soledad masculina parece un problema real. Pero no, no empezó con Tinder ni con las feministas. Empezó con ese mandato que les enseñó a los hombres a no llorar, a no pedir ayuda, a no cuidar. Con ese ideal de fuerza que en realidad es puro miedo. Miedo a mostrarse vulnerables, miedo a no cumplir con el papel del hombre que todo lo puede, el que no necesita a nadie. Miedo, en el fondo, a sentirse humanos.

Algunos repiten que las mujeres solo se interesan en el “10 % de los hombres”, como si existiera una especie de oligarquía romántica a la que solo acceden los más guapos o los más ricos. Pero no hay un solo estudio serio que respalde eso. Lo que sí hay son investigaciones, como una publicada en arXiv (2018). Mate Preferences in Online Dating Markets, que muestran que tanto hombres como mujeres tienden a buscar parejas que perciben como más deseables que ellas mismas. Y eso no tiene nada que ver con maldad ni con ego, sino con aspiración y compatibilidad. Pero claro, es más fácil culpar a las mujeres que mirarse al espejo y preguntarse qué tipo de hombre se está siendo.

Mientras tanto, muchas mujeres están eligiendo otra cosa. Según Psychology Today (2024) , las mujeres solteras reportan niveles de satisfacción más altos que los hombres solteros, y PsyPost (2024), concluye que ellas sienten menos necesidad de tener pareja. El Pew Research Center (2007), lo dijo hace tiempo: el 83 % de las mujeres en Estados Unidos cree que puede tener una vida plena sin casarse. No es que no quieran amar, es que ya no quieren hacerlo desde el sacrificio. Se cansaron de ser las que sostienen, las que cuidan, las que salvan. Se cansaron del amor que pesa más de un lado. Del amor que exige tanto que no deja espacio para respirar.

Y sí, hay mujeres solas. Pero muchas de ellas no están solas por falta de opciones, sino por abundancia de conciencia. Por haber entendido que es mejor dormir en paz que compartir la cama con alguien que no escucha. Que es mejor hablar consigo misma que esforzarse por ser entendida por quien no quiere entender. Que es mejor estar sola que volver a cargar con el trabajo emocional de dos. La soledad, cuando es elegida, no es un castigo. Es un descanso. Una forma de decir “no más”.

Por eso, cuando algunos hombres llenan las redes de podcasts y discursos donde culpan al feminismo, cuando lloran diciendo que “ya no hay mujeres buenas”, lo que realmente están diciendo es que extrañan los tiempos en los que no necesitaban cambiar. Pueden disfrazar ese miedo de discurso moral, pueden llenar TikTok con teorías sobre la “crisis de masculinidad”, citar a las tres influencers tradwife que promueven una vida doméstica perfecta que ni ellas viven, pueden incluso convencer a alguna que otra pick me girl despistada de que ser sumisa es empoderante y pueden inventarse porcentajes para explicar por qué nadie los elige, pero eso no cambia la verdad: el mundo cambió. Y ellos, en lugar de revisarse y  aprender a caminar en él, siguen haciendo pataletas en la esquina.

No es culpa de las mujeres que se queden solos. No es culpa de las mujeres que no quieran conformarse. No es culpa de las mujeres que ya no crean en el cuento de la vida perfecta con esposo e hijos, sobre todo cuando saben que esa vida perfecta casi siempre se construye sobre sus espaldas. La soledad no es una tragedia: es una consecuencia. Una respuesta a siglos de agotamiento.

El feminismo no nos robó el amor. Nos devolvió la posibilidad de elegir. Y una vez que una mujer elige, una vez que despierta, ya no hay forma de volver a dormirse. Porque el feminismo es como la pastilla roja de Matrix: una vez que ves la verdad, no hay vuelta atrás. Podrán llenarse los gobiernos de hombres misóginos, podrán  estallar las redes sociales con discursos conservadores, podrán intentarlo todo para volver a encerrarnos. Pero nosotras siempre encontraremos la forma de resistir. Como lo hemos hecho durante siglos.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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