Ecos de la bifobia: Autoconcepto en mujeres bisexuales.

Ecos de la bifobia: Autoconcepto en mujeres bisexuales.
octubre 16, 2025 Jannet Rivas Faría

Este es un importante trabajo de investigación derivado de la cátedra Psicología de la Mujer y el Género, por las estudiantes Evany Rodriguez y Gisell Silva, presentado en la Universidad Rafael Urdaneta, Maracaibo, Venezuela.

Resumen

Esta investigación se centró en comprender el impacto de la bifobia en el autoconcepto de mujeres bisexuales, haciendo énfasis en la opresión interseccional. A nivel metodológico, fue un estudio cualitativo con enfoque fenomenológico. La población estuvo constituida por jóvenes adultas entre los 18 y 25 años, residentes del Municipio Maracaibo, Estado Zulia y la muestra quedó conformada por cinco mujeres escogidas mediante un muestreo intencional. La técnica de recolección de datos fue la entrevista semiestructurada conformada inicialmente por cinco preguntas abiertas. Los resultados mostraron que las mujeres bisexuales se ven significativamente afectadas por la bifobia, que incluye la cosificación y actos discriminatorios que se integran en su autoconcepto.

Palabras clave: bifobia, mujer, bisexual, autoconcepto.

Echoes of Biphobia: Self-concept in Bisexual Women

Abstract

This research focused on understanding the impact of biphobia on the self-concept of bisexual women, with emphasis on intersectional oppression. At the methodological level, it was a qualitative study with a phenomenological approach. The population consisted of young adults between 18 and 25 years old, residents of Maracaibo municipality, Zulia state and the sample was made up of five women chosen through an intentional sampling. The data collection technique was the semi-structured interview initially consisting of five open questions. The results showed that bisexual women are significantly affected by biphobia, which includes objectification and discriminatory acts that are integrated into their self-concept.

Keywords: biphobia, women, bisexual, self-concept.

La mujer ha sido violentada desde el inicio de la sociedad humana, borrada del relato histórico y subyugada por el sistema patriarcal, considerándola el segundo sexo. De acuerdo con Corpas (2019), la opresión de la mujer ha impedido que pueda experimentarse de forma plena como persona; es por ello que la presente investigación se suma a las composiciones escritas en torno a la situación de la mujer. Ahora bien, el origen de esta problemática tal vez haya pasado a ser parte del inconsciente colectivo, se contempla que existe desde el inicio de la humanidad; se propone en la filosofía griega con Aristóteles, un retrato del alma de la mujer vacía, en comparación a la del hombre, marcando una diferencia en cuestión de virtudes.

Por su parte, otra representación significativa es la religión, se puede nombrar a Eva, donde se plasma como se ha culpado a la mujer de los males del mundo, como lo es, en este caso, el pecado original; Adán es seducido, por ello, se elimina toda su responsabilidad, narrativa que nos ha acompañado desde tiempos inmemorables. Posteriormente, Santo Tomás define a la mujer como un hombre frustrado (Corpas, 2019); a su vez, se las ha educado para ser sumisas, lo que perpetúa la resignación de la mujer a su deshumanización. En el siglo XIX, se proclama la supuesta inferioridad intelectual de la mujer en una investigación realizada por Proudhon y, se establece la frase del antifeminismo de Schopenhauer: “La mujer es un animal de cabellos largos e ideas cortas” (Corpas, 2019, p. 476).

Con base en lo anterior, es posible afirmar que las mujeres han sido reducidas a algo distinto a ser humano, no se consideraba su naturaleza como parte de la especie humana, y su supuesta inferioridad no solamente se basaba en la diferenciación biológica, sino también en la capacidad intelectual, lo cual permite la instauración de estas creencias hasta en la célula más pequeña, lo que nos introduce un panorama desfavorable para la mujer. Siguiendo con la perspectiva histórica, Engels plantea que la dominación era causada por la opresión económica de la mujer; más adelante, en el siglo XX, Freud considera que la urgencia de la mujer por buscar la igualdad de condiciones era causada por lo conocido como ‘complejo de castración’ (Corpas, 2019), así que lo esperado para la mujer era la pasividad.

En tal sentido, se han construido arquetipos de lo femenino y masculino acorde con lo que se considera, bajo el sistema dominante, como su funcionalidad; se toma en cuenta que las características asignadas a cada sexo son condicionadas por la sociedad, esto concibe la opresión sobre el que tradicionalmente se le ha dado el carácter de sometido, lo femenino; a partir del cual existe un sistema jerárquico que posiciona a la mujer como detrás del hombre. Partiendo de ello, se plantea la feminidad como la noción de la mujer como naturalmente sumisa, y que no es producto de su educación, así como experiencia social, lo cual conlleva que la mujer busque sobrevivir, moldeándose a lo que dicta la cultura (Corpas, 2019).

Por consiguiente, si la percepción social de la mujer no contempla el reconocimiento de su dignidad, entonces se le arrebata su condición de persona, y lo que queda es un objeto utilizable, esto es conocido como cosificación; reducción de la mujer a su cuerpo, basándose en la percepción de que puede representar su totalidad, esta construcción social, donde la mujer solo es valorada por su cuerpo, afecta su autoimagen, mirándose desde el punto de vista del otro, lo cual puede internalizar e incorporar a su propio autoconcepto (Sáez, et al., 2012). Vale decir que el hombre usa a la mujer, y considera que tiene derechos sobre ella, tal como se aprecia al pagar el servicio de una trabajadora sexual; además, la sociedad consumidora también vende a la mujer en los medios de comunicación, que marcan el lenguaje que muchas veces define cómo nos sentimos y actuamos, de acuerdo a lo que dicta la sociedad patriarcal; por ejemplo, el cuerpo femenino, convertido en objeto de placer, para su consumo y posterior desecho (Corpas, 2019).

Asimismo, los movimientos de la mujer parten de la idea de que una persona no es libre si debe de cumplir algo impuesto; para la mujer, es esencial transicionar de mujer-objeto a individuo (Corpas, 2019). Así pues, se considera importante conocer sobre las concepciones de la liberación sexual de la mujer, que estuvieron acompañadas por otros movimientos sociales, como el de la comunidad LGBTQIA+, el cual se fortaleció en los 60 en EUA con la protesta realizada en Nueva York, donde personas trans, gay y lesbianas, alzaron su voz para visibilizar los atentados violentos presentes en la época hacia personas pertenecientes a la comunidad, lo que permitió la exigencia de sus derechos civiles (Salaverry, 2021).

La liberación de la mujer estuvo acompañada de aspectos sociohistóricos importantes, como la introducción de los métodos de control natal, además de la teorización feminista, liderada por autoras como Betty Friedan y Simone de Beauvoir que, junto a la presencia que gana la comunidad LGBTQIA+, producen una reivindicación, y sus identidades comienzan a ser representadas por los medios, pero de una forma que perpetúa la hipersexualización, así como cosificación de las mujeres lesbianas y/o bisexuales (Salaverry, 2021), esto quiere decir que se han generado estereotipos alrededor de la mujer parte de la comunidad, que ha llevado a una constante sexualización, alimentada por estas representaciones.

En primer lugar, se expone la invisibilización de las mujeres lesbianas y/o bisexuales, que se vincula con la hipersexualización de la mujer, fuera de su orientación sexual en los medios audiovisuales, que desde siempre ha existido. Por otra parte, Annati y Ramsey (2021, como se citó en Salaverry, 2021) consideran que las mujeres sáficas han sido posicionadas en los medios, de tal forma que, las relaciones entre mujeres son dirigidas al público masculino heterosexual como modo de entretenimiento; por ello, son reducidas a un objeto de placer sexual, lo que se ejemplifica adecuadamente con el grupo musical ‘t.A.t.U’, conformado por dos chicas heterosexuales y para ese momento (2000’s), menores de edad, las cuales fueron comercializadas como cantantes vinculadas sentimentalmente para aumentar las ventas.

Lo anteriormente mencionado permite cuestionar los motivos del mito sexual detrás de la mujer lesbiana y/o bisexual, que puede intervenir en la construcción de su autoconcepto; por otro lado, se toma en cuenta un retrato cinematográfico de los vínculos entre mujeres, como lo es la película ‘La vida de Adéle’, que presenta la conexión entre dos adolescentes, la cual se popularizó por su énfasis en el aspecto sexual, lo que nos concierne aquí son las quejas de las actrices hacia el director por su exigencia en las escenas de sexo y la elección de promoción de la película, la cual tenía una connotación erótica en todas sus imágenes (Salaverry, 2021); en otras palabras, la película solo representaba la relación sexual entre dos chicas menores de edad, y poco sobre la formación de relaciones entre mujeres, incluyendo sus desafíos, lo que puede ser una representación distorsionada de las mujeres queer.

Esto nos indica que los medios plasman a la mujer queer desde la perspectiva del discurso heteronormativo patriarcal, esta narrativa permite concebir un modelo de la feminidad, que contiene a la sexualización como medio para satisfacer los deseos sexuales masculinos (Salaverry, 2021), relacionándose con la imposición de poder que hace el hombre sobre la mujer, marcando su inferioridad y el sistema jerárquico, lo que no solo se limita a los medios de comunicación. De hecho, Freud concibe la homosexualidad femenina como la forma más extrema del complejo de masculinidad, el cual se origina en la etapa infantil, cuando la niña se niega a reconocer sus diferencias anatómicas, esto Beauvoir lo critica, puesto que esta perspectiva freudiana propone a la mujer lesbiana como un hombre mutilado, solo por ser atraída de forma sexoafectiva por otra mujer (Salaverry, 2021).

Realmente, se considera que la mayoría de las mujeres son heterosexuales, puesto que al ser mujeres, se considera natural buscar la compañía de un hombre, lo que convierte a la heterosexualidad como una orientación aprendida e incluso, obligatoria para algunas, esto intensifica la invisibilización de las mujeres que se sienten atraídas por otras mujeres, así que se considera parte de la ideología heteronormativa que permite controlar aquello que es aceptable para la sociedad; la bifobia es la consecuencia de ello (Salinas, 2022).

De este modo, las relaciones bajo este sistema de poder son desiguales; para el hombre, está permitido ejercer dominación sobre la mujer, en este caso, por medio de su sexualización que, en las mujeres lesbianas y/o bisexuales se concibe como un espectáculo para el placer del hombre y no como una identidad diferenciada (Salaverry, 2021); en otras palabras, se proyecta a la mujer bisexual como entretenimiento y no como una forma de identidad sexual, marcando diferencias importantes en torno a cómo será percibida por el otro, es por ello que su experiencia es mucho más amplia que la de un objeto seccionado, ignoran su complejidad, inherente de los vínculos humanos (Salaverry, 2021).

Dentro de este orden de ideas, se estima relevante para la comprensión del texto, el modelo sistémico-estructural de la violencia; Segato (2003, como se citó en Salaverry, 2021) hace referencia a que la violencia se manifiesta en dos ejes; el horizontal, por medio de la alianza entre hombres y el eje vertical, a través de las relaciones de dominación; en el caso de la mujer lesbiana y/o bisexual cosificada, se estaría tomando en cuenta el eje vertical, puesto que existe una dinámica de poder, donde el agresor se beneficia de las implicaciones de una mujer dominada. A su vez, también describe vínculos de expropiación o, dicho de otra manera, se les arrebata su sexualidad; esto se visualiza en la frecuencia de búsqueda en sitios pornográficos de la palabra ‘lesbiana’ (Salaverry, 2021), lo que señala que hay un rechazo de su sexualidad, son limitadas a un objeto erótico.

En este sentido, se comprende que la lucha de la mujer bisexual esta atravesada por factores directamente relacionados con su identidad sexual, lo que le agrega una capa mayor de discriminación y opresión, es por ello que se suma al argumento la concepción de la bifobia. Según Alfarache (2012) existen muchos más estudios de la homosexualidad masculina, donde se incluyen a las mujeres parte de la comunidad LGBTQIA+, sin tomar en cuenta sus especificidades. En este sentido, se plantea que la bisexualidad sigue siendo invisibilizada, en donde las personas heterosexuales tienen su participación, puesto que actúan desde el desconocimiento, lo que conforma una violencia de carácter simbólico, que busca suprimir este tipo de realidades (León, 2020).

La bifobia engloba, como se mencionó anteriormente, una violencia simbólica, que refiere a las representaciones socioculturales de la bisexualidad, que pueden pasar desapercibidas dentro de la narrativa social, lo que no deja de ser violencia; esto se manifiesta en la concepción de la bisexualidad como una fase de transición, que las posiciona en un estado de inmadurez por esta supuesta indecisión o confusión; también, se contempla la percepción de que la bisexualidad es una estrategia para transitar hacia la consolidación de una orientación sexual exclusiva, es decir, homosexual o heterosexual (León, 2020).

Esto quiere decir que la bifobia es rechazo, que se expresa en actos discriminatorios, tal como el mantenimiento de estereotipos que contribuyen en la permanencia de estigmas sobre la bisexualidad, lo que se incorpora a su identidad, es decir, interiorizan aspectos como la hipersexualidad que, en el caso de las mujeres, se agrega a la condición de género en una sociedad machista, que empuja a la mujer a introyectar estos aspectos que forman parte de la bifobia, y que son una constante en la vida de las mujeres bisexuales (Salinas, 2022).

A su vez, la bifobia se comprende socialmente como un mecanismo de alternancia obligatorio, que hace referencia a manifestar deseo por igual hacia ambos sexos, este hecho parte de un esquema binario cerrado sobre la sexualidad, lo que se expone desde la idea errónea de que las personas bisexuales deben sentir una atracción semejante hacia ambos sexos, lo cual puede llevar a la hipersexualización de la bisexualidad, ya que extiende el estereotipo de la bisexualidad como promiscuidad o equivalente al deseo de tener relaciones abiertas (León, 2020), cabe destacar que este factor puede tener un impacto mucho más profundo en las mujeres bisexuales, ya que se intensifica con su género, la mujer de por sí es reducida a un objeto, entonces si se agrega este factor, los abusos aumentan en frecuencia.

Por su parte, la práctica del sistema patriarcal se vincula internamente con el sexismo, por ello se considera importante su concepción, la cual sigue con la objetivación de la mujer; fenómenos como la bifobia se plantean de acuerdo a la concepción social de la sexualidad no heterosexual, la cual es para el mismo, transgresora, ya que se aleja de las normas de la sexualidad dominante, tomando en cuenta la concepción del género femenino, el cual contiene una serie de características sociales asignadas a la experiencia del ser mujer (Alfarache, 2012). Es por ello que la bifobia no es exactamente idéntica a la homofobia, tiene implicaciones diferentes, ya que las mujeres bisexuales experimentan una doble discriminación por su género y orientación sexual, por lo que son las mujeres que se vinculan erótico-afectiva-vitalmente con otras mujeres el foco central de la presente investigación.

Dicho esto, también se contempla el problema de la representatividad, que va desde la poca documentación, hasta la forma en que se simboliza en el activismo de la comunidad LGBTQIA+, tal como imágenes triangulares, lo que puede confundirse con los estereotipos asociados al poliamor e hipersexualidad (León, 2020). Igualmente, las mujeres bisexuales se construyen desde sitios lésbicos, a partir de discursos que son ajenos a su experiencia, posicionándolas como un ‘punto medio’ dentro del sistema binario (Salinas, 2022). Asimismo, se perpetúa la deshumanización, aspecto común en la violencia racista y sexista; en esta situación, se presenta la des feminización; la sociedad reconoce medianamente a la mujer por medio de su maternidad y heterosexualidad, lo cual esta población no puede cumplir de la forma en que dicta la sociedad (Alfarache, 2012).

Además, la exclusión implica la separación de quién porta el estigma; en este contexto, la mujer queer es excluida de los espacios con personas heterosexuales, así como del sistema social y político, se considera la violencia como difícil de reconocer por la invisibilidad de este tipo de problemática, puesto que se ha planteado que la violencia está justificada como forma de control y opresión (Alfarache, 2012). Esto introduce el fenómeno de la interseccionalidad, ya que la sexualidad de las mujeres, incluyendo lesbianas y bisexuales, está reprimida por la violencia ejercida en la esfera interna de la comunidad, por medio de abusos, tales como palizas y violaciones sexuales (Alfarache, 2012), lo que sugiere que la violencia hacia la mujer parte de la comunidad LGBTQIA+ pasa desapercibida, por lo que tienen menos recursos para su resistencia si, de plano, no se toma en cuenta.

Esto nos lleva a plantearnos como de manera interseccional pueden llegar a ser oprimidas de distintas formas, ya sea por des empoderamiento, marginación, explotación, entre otros, lo cual no necesariamente se presenta de modo intencional, es enmascarado o ignorado y, por tanto, lleva a la normalización de conductas que a menudo reprimen e invalidan a quien las padece; las mismas acciones pueden estar impulsadas por actitudes machistas internalizadas, aún en espacios donde se promueve una inclusión, lo que demuestra cómo la mujer sufre una doble discriminación, hecho que se perpetúa desde décadas anteriores a los años 60 y prevalece hasta el día de hoy (Hernández, 2018).

Cabe destacar que estos discursos se consolidan en el proceso de la socialización, que incluye la internalización y reproducción de aspectos sociales, culturales e históricos, que responden a las estructuras patriarcales, las cuales establecen una división desigual de los géneros, es decir que las personas aprenden a ser homofóbicas, lesbofóbicas y bifóbicas de una forma incluso, involuntaria; es un conocimiento generacional (Reyes, et al., 2014). Además, al hacer referencia a la mujer bisexual, se presentan una serie de microagresiones interseccionales que producen estrés, deteriorando su salud mental y física, lo que es mucho más frecuente que en hombres bisexuales; esto tiene que ver con el fetichismo alrededor de las mujeres lesbianas y bisexuales en el porno (González, 2022).

Esto se vincula con la hipersexualización por parte de hombres que las perciben como un entretenimiento, desencadenando distintos tipos de acoso por la cosificación y erotización que existe hacia ellas, tal como proponerles tríos; de esta forma, se las degrada a un objeto, lo que lleva a la mujer bisexual a ocultar su identidad, así como a vivir alerta ante cualquier señal de desaprobación social para utilizar estrategias de afrontamiento como técnicas evitativas y minimizar las experiencias discriminatorias (González, 2022).

En el mismo orden de ideas, se propone como antecedente la investigación realizada por el grupo Igualdad y Género (2020), sus resultados concluyen que la población queer, en su mayoría, ha sido relevante para las reivindicaciones feministas, a pesar de que no han sido una prioridad en muchas ocasiones para el movimiento feminista, se reconoce las aportaciones de las mujeres queer al pensamiento feminista, puesto que el lesbianismo y la bisexualidad cuestionan la doctrina de la heterosexualidad, así como el feminismo argumenta en torno a lo masculino y femenino, es decir, género.

Con base en lo anterior, se puede afirmar que la mujer integrante de la comunidad LGBTQIA+, ha sido percibida a nivel sociocultural como un objeto enigmático para el hombre heterosexual, siendo representada en los medios con un excesivo nivel de erotización, vinculada con la pornografía. El proceso de sexualización de la mujer lesbiana y bisexual es entonces, un gancho comercial, es por ello que se considera esencial la percepción de las mujeres bisexuales sobre esta cosificación, qué implicaciones tiene la reducción de su sexualidad al entretenimiento del hombre heterosexual con fantasías sexuales determinadas.

La comercialización de un producto implica la deshumanización de la persona, denigrándola hasta tal punto que, es posible que internalice estas formaciones sociales asignadas a la mujer, como una forma de sobrevivir; cabe destacar que al ser catalogado  estas orientaciones sexuales como inmorales, se asocia también con lo obsceno y lujurioso, que lleva a evocar la pornografía en las personas (Sequeira, 2024), esto puede llevar a las mujeres bisexuales a sentirse incómodas en su propio cuerpo, e incluso a integrar esas representaciones en su autoconcepto, lo que puede modificar negativamente la forma en que se vinculan con otra mujer, así como consigo misma, reflejándose desde la mirada patriarcal heteronormativa, que es aquello que ha visto en todos los medios sobre cómo debe ser.

Por consiguiente, se reconoce la relevancia del autoconcepto, caracterizado por un conjunto de percepciones del propio yo, que presenta una multidimensionalidad, puesto que se compone de aspectos sociales, personales y físicos de la persona; ahora bien, en el caso del autoconcepto físico, se asocia con la apariencia física, el valor del mismo y su atractivo; el personal refiere más a los valores del individuo, la estima de su propio ser independientemente de su apariencia, así como relaciones con el otro; y el autoconcepto social que se construye a partir de la aceptación, o sea de la valoración del comportamiento en los diferentes entornos sociales (Esnaola, et al., 2008), cabe decir entonces que el autoconcepto refiere a la elaboración de representaciones sobre sí mismo, lo que se desarrolla a partir de las experiencias vitales del individuo, y sus relaciones con el medio.

Cabe destacar que si el autoconcepto es una integración de lo que las personas piensan de sí mismas sobre su cuerpo, personalidad, sociabilidad, valores, entre otros, estas creencias son formadas a partir también de la percepción sociocultural que existe de ellos, es decir que pueden incorporar significados negativos provenientes de la sociedad, en el caso de las mujeres bisexuales, a su sistema de creencias, así como los estereotipos vinculados a la bisexualidad, generando reacciones negativas hacia su propia orientación sexual (Ortiz-Hernández, 2005) e incluso, incomodidad en su propio cuerpo, ya que es cosificado y vendido como entretenimiento sexual al hombre, esto puede llegar a interferir en la experiencia de la mujer bisexual, inhibiéndose de vivir su sexualidad.

En relación con la orientación sexual, la Asociación Americana de Psicología (APA, 2017, como se citó en la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, 2017) concuerda con que implica una atracción sexo-afectiva y romántica que tiene el carácter de ser duradera en el tiempo, se desarrolla a una edad temprana y es resultado de múltiples factores, tales como biológicos, cognitivos y del entorno, por lo que es inherente de la naturaleza humana, así que no es susceptible a cambio, se contempla como un espectro, que va desde la heterosexualidad exclusiva hasta la homosexualidad exclusiva, y diversas formas de bisexualidad, esto es relevante para comprender que la orientación sexual es una forma de vivir la sexualidad, una dimensión humana e independiente a la mirada normativa.

Es por ello que es necesario conocer sobre los derechos sexuales, los cuales tienen como objetivo garantizar la autonomía, igualdad y respeto en todas las dimensiones de la sexualidad, reconocen que todas las personas tienen el derecho a disfrutar de una vida sexual libre y satisfactoria; estos derechos, interpretados desde la perspectiva de la sexualidad y la reproducción, tanto de hombres, como de mujeres, están firmemente arraigados en los principios fundamentales de los derechos humanos, protegen una amplia gama de intereses relacionados con la dignidad y el bienestar de las personas (Pérez, 2019).

Cabe destacar que la autonomía corporal consiste en que la persona, dueña de su cuerpo, tenga la capacidad de decidir sobre el mismo y su futuro, sin violencia ni coacciones, esto incluye decidir si desea tener relaciones sexuales, cuándo, cómo y con quién; casi la mitad de las mujeres en 57 países están privadas de su autonomía corporal, además un 45% de mujeres no cuentan con la libertad para tomar decisiones libres sobre sus cuerpos por temor a sufrir violencia como ser obligadas a realizar algo que no desean; estas decisiones incluyen aquellas relacionadas con su salud sexual y reproductiva, la utilización de métodos anticonceptivos, el tener o no tener relaciones sexuales, así como el acceso al aborto seguro, como lo indica el informe ‘Estado de la Población Mundial 2021’ desarrollado por el Fondo de las Naciones Unidas para las Poblaciones (UNFPA, s.f.).

A pesar de los supuestos avances, las mujeres continúan enfrentando numerosos obstáculos para ejercer plenamente sus derechos sexuales; según un análisis de datos realizado en 161 países en 2018 por la OMS, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual (OMS, 2021). La estimación de las mujeres sáficas en el contexto de los derechos sexuales es un punto crucial dentro de la lucha por la igualdad y el respeto, ya que estos estereotipos y prejuicios suelen aumentar su vulnerabilidad, limitando su capacidad para vivir la sexualidad de manera plena y libre; un estudio realizado en Indonesia reveló que más del 80% de las personas encuestadas no se sienten cómodas con una jefa o colega lesbiana; aunado a esto, el 66% de las mujeres lesbianas y bisexuales encuestadas en Europa no se sienten seguras de revelar su orientación sexual en su trabajo (ONU, s.f.).

Por otra parte, las mujeres que muestran interés sexual por su mismo sexo son objeto de las llamadas ‘violaciones correctivas’ como forma de castigo por entender que desafían las normas tradicionales de género. En Reino Unido, el 21% de las mujeres han sido objeto de delitos motivados por el odio a su orientación sexual, aunado a esto, un estudio realizado en EUA, casi la mitad de las mujeres bisexuales indican haber sufrido una violación, lo que supone un riesgo tres veces mayor al de otras mujeres (ONU, s.f.).

Esto revela la violencia sistemática en contra de mujeres lesbianas y bisexuales, que es de asunto público, su invisibilización es de carácter social y el silencio presente son elementos centrales de la opresión de las mujeres bisexuales, no hay reconocimiento de sus elecciones vitales, apoyado por un sistema opresor (Alfarache, 2012), que posiciona a la mujer queer como un objeto de placer para el hombre heterosexual; por lo anteriormente expuesto, esta investigación tiene como objetivo general comprender el impacto de la bifobia en el autoconcepto de mujeres bisexuales. De esta manera, la incógnita que se pretende responder es: ¿Cuál es el impacto de la bifobia en el autoconcepto de las mujeres bisexuales?

Metodología

La presente investigación es realizada siguiendo la metodología cualitativa, la cual se caracteriza por un conjunto de técnicas de recolección de datos, modelos de análisis y teorías que se basan en el significado que le otorgan los participantes al mundo, es por ello que su propósito es establecer las relaciones y los significados de su objeto de estudio (Sánchez, 2005). Se selecciona este tipo de investigación, puesto que permite conocer el mundo interno de los actores y aproximarse a la comprensión de la realidad para generar modelos que permitan darle un sentido social (cambios a nivel institucional y político) y personal (otorgar un lugar al mundo emocional y subjetivo) al tema de investigación, en este caso, la experiencia de las mujeres bisexuales en torno a la bifobia.

Por su parte, se construye desde el enfoque fenomenológico, el cual concibe que el modo de percibir el mundo está estrechamente vinculado con los significados de las experiencias, que moldean la vida psíquica del individuo, es decir que este método permite develar esos significados de la conciencia del individuo y realizar interpretaciones por medio de la palabra, tal como se realiza en la técnica de la categorización (Fuster, 2019).

La población seleccionada para la presente investigación está conformada por jóvenes adultas bisexuales, residentes del Municipio Maracaibo, Estado Zulia, en edades comprendidas entre los 18 y 25 años. Se utilizó muestreo intencional (elección de participantes de acuerdo a criterios específicos como edad, género, orientación sexual, entre otros) que posibilita la recolección de diversas perspectivas en una población específica (Rey, s.f.), la misma tendrá fines académicos, seleccionando 5 mujeres bisexuales, residentes del Municipio Maracaibo, Estado Zulia, con edades comprendidas entre los 18 y 25 años.

La técnica de recolección de datos fue la entrevista semiestructurada, la cual se caracteriza por una situación creada por el entrevistador, con el objetivo de que el participante pueda expresar en la conversación, su pasado, presente y futuro, se pone especial énfasis en los significados de las experiencias relatadas, se considera una estrategia para la construcción del conocimiento de la vida social (Sánchez, 2005); es semiestructurada, ya que la misma permite un grado mayor de flexibilidad, que se relaciona con la formulación de las preguntas, que pueden ajustarse a los entrevistados (Díaz-Bravo, et al., 2013). Para este estudio, se han elaborado 5 preguntas abiertas, las cuales son:

  1. ¿De qué forma crees que la sociedad concibe las relaciones sexo-afectivas entre mujeres?
  2. ¿Cómo crees que las concepciones sociales alrededor de las mujeres bisexuales han afectado la forma de pensar sobre ti?
  3. ¿Has tenido alguna experiencia en donde se te haya sexualizado a ti o a tu relación con otra mujer? Si la respuesta es afirmativa, ¿Cómo han sido dichas experiencias? ¿Cómo te has sentido al experimentar este tipo de eventos?
  4. ¿Cómo la sexualización de las mujeres bisexuales afecta tu forma de vivir la sexualidad?
  5. Para ti ¿Qué otras formas de opresión viven las mujeres bisexuales?

 

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Informante 1: “…no me gustaría sentirme sexualizada, como que fuese un objeto para…”

“…nos pararon unos policías y se dieron cuenta que éramos novias y uno de los policías nos hacía muchas preguntas como ‘¿Quién es el hombre y quién es la mujer?’ Nos dijo que nos dieramos un besito, así super feo, fue una experiencia donde mi novia y yo nos sentimos violentadas …”

Informante 2: “…o muchas veces te sexualizan por el mismo placer de los hombres…”

“…esos juegos de ‘besos de tres’ tú no te puedes incluir en eso porque a ti sí te gustan las mujeres, entonces no se vaya a malinterpretar, es horrible, y eso tiene que ver con la sexualización, y eso va mucho en la idea que tienen de ti… El hecho de que seas bisexual hace que todo sea más sexual, hay hombres que te ven como que ‘coges muchísimo y con todo el mundo’, y la otra es con las mujeres que es tipo -Yo voy a hablar con C. porque seguro le voy a gustar-.”

“…uno siempre tiene que tener cuidado que las chamas no crean que uno les tienes ganas, entonces esa idea es alimentada por tipos, cualquier hombre que rodea a esa mujer le mete ideas…”

“…te quieres coger a todas tus amigas, siempre es un hombre que le está diciendo a las chamas que C. te quiere coger a ti, y eso me ha pasado varias veces…”

Informante 3: “…digamos muchas veces lo sexualizan, lo utilizan como un objeto desde la pornografía, lo comercializan de esa manera…”

Informante 4: “…los hombres o sea lo ven con más agrado, pero es por esto de la sexualización…”

Informante 5: “…me hizo sentir incómoda y reducida a un fetiche u objeto. Es frustrante que no puedan ver mi orientación como algo natural y no como un espectáculo para ellos.”

“…o las sexualizan, especialmente los hombres, que a veces piensan que dos mujeres juntas son para su disfrute.”

Cosificación de la mujer bisexual.

Hace referencia a la reducción de la mujer bisexual a un medio para el entretenimiento o placer sexual masculino, desvirtuando su orientación sexual como una identidad diferenciada.

Sexismo por género y orientación sexual.

Hace referencia a la interacción compleja entre la orientación sexual (bisexual) y el género (femenino), tomando en cuenta el impacto social de estereotipos y creencias, lo que se manifiesta en actos de violencia por género y orientación sexual, que conforman la violencia patriarcal.

Informante 2: “…yo tuve experiencias como un triangulito amoroso ahí medio raro, entonces tú ves el caos que todo eso formó nada más por el hecho de que el tipo sabía que yo era bisexual y que me gustaban las mujeres, él tenía la idea de que como a mí me gustaban las mujeres me iba a gustar esta chama y porque a mí me gustan las mujeres, entonces yo me la quería coger…”

“…la primera reacción si es un hombre siempre es ‘vamos a hacer un trío’, y realmente no me interesa, no es lo mío, me ha pasado más de una vez, es muy común, yo he tenido cuatro relaciones con hombres y de los cuatro, tres me lo han ofrecido…”

“…siempre está en la mesa porque te gustan las mujeres entonces obviamente quieres tener un trío conmigo y con otra mujer, y el hecho de que tengas esa idea de mí solo por ser bisexual.”

“…yo veo como siempre hay una persona que piensa que sabe cómo piensas, es decir, por tu orientación sexual tú tienes que pensar de esta forma, por ejemplo, en mi caso que soy una mujer bisexual es como ‘claro, vas a ir por estas ideas políticas’ o ‘tienes este sesgo y apoyas a esta gente a juro’, de una vez caracterizando a mí misma nada más por un rasgo, sabiendo que yo soy mucho más que eso y mi pensamiento crítico va mucho más allá de mi orientación sexual…”

Informante 3: “…y también pueden asociarlo mucho con la promiscuidad, de repente en los hombres un poco más, pero en las mujeres también.”

Informante 4: “…Pero cuando estaba en el colegio y empecé a salir del closet, sí había muchas propuestas, de verdad que la mayoría de las personas de mi colegio que eran hombres que me relacionaba, que no eran amistades reales, me daba mucha rabia pues, porque que te hace pensar que yo necesito de la presencia de un hombre para disfrutar del sexo.”

Informante 5: “…cuando salía con una chica, un grupo de amigos hombres nos preguntó si podían vernos besarnos o si éramos open para un trío. También hubo ocasiones en las que, al decir que soy bisexual, la reacción inmediata fue «Ah, ¿O sea que te gustan los tríos?», o «¿Entonces te gustaría estar conmigo y otra chica?»”

“También está el estereotipo de que las bisexuales somos promiscuas o indecisas…”

Estereotipos de la Bisexualidad.

Noción generalizada y simplificada que tiene un grupo social sobre otro; en este caso, sobre las mujeres bisexuales, lo que perpetúa ideas erróneas, caracterizándolas como promiscuas y/o indecisas.

Informante 1: “…que algo falta en esa relación de mujer-mujer, que eso como que no es natural…”

“…A mí me ha hecho dudar de si soy bisexual, o soy lesbiana, porque he tenido relaciones con chicos y con chicas, y una vez hablé con mi hermano y surgió la pregunta de ‘¿Pero con quién te ves casada?’…”

Informante 2: “una relación con una mujer no se ve como tan real, en mi ambiente con amigos yo he salido con hombres y mujeres, pero como una mujer es una mujer entonces como que no cuenta, siempre preguntan ‘Ajá, pero ¿Con cuántos hombres?’, lo que en verdad importa es con cuántos hombres has estado, no con cuántas mujeres. Y también hay como una vara de si de verdad eres bisexual o no, entonces si no has estado con mujeres, sexualmente hablando, entonces no eres bisexual en serio…”

“…viene este tipo y dice ‘No, pero es que no eres bisexual de verdad, porque no has estado con ninguna mujer’; primero, el hecho de que tú no sepas algo no quiere decir que sea así; segundo, si yo no hubiera estado con ninguna mujer no implica que yo no sea bisexual.”

“…que se abracen, se besen, no es nada serio’, porque nunca te toman en serio, que es un problema…”

Informante 3: “…o le restan importancia, como que no son relaciones realmente válidas, es como realmente no estás enamorada simplemente porque no es una relación heteronormativa.”

Informante 4: “…las mujeres dicen como ‘No, ella es porque no ha encontrado un hombre indicado’, pero cuando es una mujer que no está con este hombre es ‘Ah, seguramente es lesbiana’…”

Informante 5: “…Por un lado, algunas personas las ven como fases o experimentación, como si no fueran relaciones serias.”

“Las relaciones lésbicas o entre mujeres bisexuales no siempre son tomadas en serio, como si faltara un hombre para que fuera real o aceptada.”

Invalidación de relaciones entre mujeres.

Desvalorizar las relaciones íntimas entre mujeres por ser consideradas poco serias y/o transitorias, así como inferiores a las relaciones heterosexuales para la sociedad, puesto que se alejan de la heteronormatividad, principio fundamental del sistema patriarcal.

Creencias sociales alrededor de la Bisexualidad.

Ideas que se manifiestan como verdaderas en torno a la experiencia de la mujer bisexual, lo que afecta la percepción de la misma, siendo esta desvalorizada y rechazada por la sociedad heteronormativa.

Informante 4: “Desagradables, desagradables, más que todo desde las mujeres heterosexuales, a la mayoría no le agrada cuando tienen contacto físico y los besos por ejemplo…”

Informante 5: “…En algunas relaciones, ya sea con hombres o mujeres, hay desconfianza hacia mí…”

Incomodidad de la mujer heterosexual.

Reacción de desagrado y precaución hacia las mujeres bisexuales por la percepción de que  las mujeres bisexuales son significativamente abiertas en sus propuestas, independiente de la orientación sexual de la otra persona.

Informante 2: “Yo creo que, por ejemplo, a ti misma te pones como una vara, como que tan bisexual eres, porque si no hago esto, no soy bisexual, entonces es muy raro, porque siempre estás comparando con cuántos hombres y con cuántas mujeres has estado, y tengo que estar con mujeres porque si no, como que tuvieras que estar todo el tiempo comprobando a ti misma que sí lo eres…”

Informante 3: “…yo pensaba que yo estaba mal, o que tenía que definir entre blanco o negro, o sea si era heterosexual u homosexual, era uno o el otro, no había algo con lo que yo pudiera definirme…”

“…literalmente yo no podía identificarme con algo porque no existía ese algo, digamos que esa percepción de la sociedad en eso lo que hizo fue que yo no me sintiera incluida y que además eso que yo sentía no era algo como importante o válido más que todo.”

“…pienso en ellas más bien para tener una relación muy, muy romántica donde el sexo sea dejado de lado, porque no sé, tal vez tengo prejuicios inconscientes que yo no veo, pero por ejemplo yo no puedo mirar a las mujeres de una manera más sexual o algo así, si  no más bien las veo de una forma romántica, y más bien a veces cuando veo a una chica y me atrae en forma sexual yo como que ‘No ¿Porque estoy haciendo eso?’ o ‘¿Por qué la miro así?’ No debería hacer eso, me siento como un hombre cuando hago esas cosas, y esto viene de las cosas que yo he escuchado de la gente…”

Visión binaria de la sexualidad.

Perspectiva que incluye la idea del espectro de la sexualidad como heterosexualidad exclusiva u homosexualidad exclusiva, dejando de lado otro tipo de orientaciones sexuales.

Bifobia Interiorizada.

Propio rechazo de la bisexualidad a causa de la perpetuación de estereotipos que inconscientemente afectan la perspectiva de la persona sobre sí misma, generando aislamiento y sentimientos de tristeza, así como enojo.

Informante 1: “…que si los hombres me van a ver como un objeto o con ese fin solo sexual, eso también va a afectar en la forma en que yo me represente…”

“…se piensa que ser bisexual es como una transición entre ser hetero o ser lesbiana, o que si eres bisexual entonces no te decides, como que si eso no fuese algo que existiera de verdad…”

“…piensan que lo que sentimos no es verdad, o que piensan que no es verdad porque no lo viven ellos…”

Informante 2:  “…entonces yo empecé a sobrepensar, ya que el hecho de que alguien pusiera en duda algo que yo siempre había estado clara desde siempre, hizo que en mí se formará la duda porque si me está diciendo eso un profesional de la salud, algo estoy haciendo yo mal…”

“Esta sexualización me afectó en como me veía yo, si era bisexual o no, en si tenía o no que decirlo, y en si tenía que defender a las personas, entonces yo ya estaba dejando de lado mis valores personales para que la gente no me juzgara.”

Informante 5: “…Eso me hizo dudar de mí misma cuando era más joven, como si tuviera que elegir un bando para ser aceptada.”

Construcción del autoconcepto.

Proceso que se caracteriza por la interiorización de representaciones socioculturales, lo que incluye prejuicios que originan malestar significativo y creencias nucleares disfuncionales sobre sí mismo.

Informante 1: “…no me siento tan segura en entornos o publicando cosas en redes sociales o besando a mi novia en público algo así, y es porque pueden llegarnos pacos así tal cual a decirnos que estamos causando disturbios públicos cuando no estamos haciendo nada…”

Informante 2: “…volver a caer en cuenta de que yo me estaba callando por prejuicios y yo no era eso, yo no me quedaba callada ¿me explico?…”

“…la sociedad lo quiera o no, lo critica, el hecho de que no tengas el pelo de cierta forma, de que no te vistas de cierta forma, y con las mujeres bisexuales siempre está el tema de que no se te note, entonces pintarme el pelo de cierta forma se te va a notar, entonces siempre es el protegerte, verse lo más heterosexual posible…”

“…uno no sabe las consecuencias que te pueda traer eso quieras o no, siempre hay prejuicios, cuando la gente sabe ya se crea una idea sobre ti, entonces yo siempre creo que hay que cuidar mucho esa idea…”

Informante 4: “…esta presión cuando estás en público con tu pareja que no sabes si es adecuado o te vas a sentir burlado, siempre vas a tener ese pensamiento presente lo que te va a cohibir de hacer eso, y por el tema de la sexualización también cuando tu vez parejas heterosexuales en la calle, casi siempre se están dando besos o están abrazados, teniendo este contacto, he visto muchos, pero si yo lo hago con mi novia no lo van a ver de manera agradable…”

“… lo que ya la sociedad ha demostrado obviamente va a hacer que tú te cohíbas completamente o que tú escondas completamente tu orientación sexual y obviamente es mucho más difícil hacer relaciones así o tener relaciones sinceras…”

“…de hecho, nunca lo he hecho de esa forma por el miedo de que alguien nos vaya a decir que tenemos que salir del lugar o que eso no está permitido o que hay niños presentes…”

Informante 5: “También me ha dado miedo mostrar afecto en público con otra mujer, porque no sé si alguien va a mirarnos con morbo o hacernos comentarios.”

Impacto en Espacios Públicos.

Restricciones actitudinales en torno a la libertad de expresión corporal, de opiniones, y  contacto afectivo de las mujeres bisexuales, lo que genera cohibición por la inseguridad ante posibles actos de discriminacion, esto les dificulta establecer vínculos significativos.

Presión Social.

Influencia de otros grupos sociales sobre las mujeres bisexuales, que llega a tal punto, que pueden inducir al cambio de su propio pensamiento y comportamiento, lo que produce cohibición y sentimientos de incomprensión.

Informante 1: “…mi mamá siempre me dice que eso se mantiene en privado porque sino, uno puede tener problemas…”

Informante 3: “…mi mamá también consideraba que debía haber una, no podían ser las dos cosas, y eso muchas veces me hizo sentir como que yo estaba perdida…”

“…mi abuela tuvo mucho prejuicio con respecto a eso, o sea cuando ella vio que yo tuve algo con una mujer lo que dijo fue ‘Ay después de tanto huevo, ahora te gusta la cachapa’. O sea, después de haber estado con tantos hombres ahora te gustan las mujeres, y eso fue algo que no me gustó, fue muy duro para mí.”

Impacto en Espacios Privados.

Interacción desfavorable con las creencias de la familia alrededor de la bisexualidad, lo que produce sentimientos de desagrado e incomprensión.

Informante 2: “…te genera un sentimiento de desapego con lo que estás sintiendo y muchas dudas, te cuestionas todo el tiempo, te sientes incomprendido, inseguro, como que no puedes crear una red de apoyo para contarles esto…”

Informante 3: “…mi mamá también consideraba que debía haber una, no podían ser las dos cosas, y eso muchas veces me hizo sentir como que yo estaba perdida…”

 

Falta de apoyo social.

Pocos recursos de acompañamiento social que genera sentimientos de soledad, lo que intensifica emociones desagradables.

Redes de apoyo.

Vinculos limitantes que tiene la mujer bisexual con su entorno, lo que dificulta el acceso a apoyo social, sentirse sonstenida en su vulnerabilidad, esto produce mecanismos defensivos como forma de compensación ante esta carencia.

Informante 2: “…en si tenía que defender a las personas, entonces yo ya estaba dejando de lado mis valores personales para que la gente no me juzgara.”

“…volver a caer en cuenta de que yo me estaba callando por prejuicios y yo no era eso, yo no me quedaba callada ¿me explico?…”

“…la sociedad lo quiera o no, lo critica, el hecho de que no tengas el pelo de cierta forma, de que no te vistas de cierta forma, y con las mujeres bisexuales siempre está el tema de que no se te note, entonces pintarme el pelo de cierta forma se te va a notar, entonces siempre es el protegerte de lo más heterosexual posible…”

“…uno no sabe las consecuencias que te pueda traer eso quieras o no, siempre hay prejuicios, cuando la gente sabe ya se crea una idea sobre ti, entonces yo siempre creo que hay que cuidar mucho esa idea…”

Informante 4: “…obviamente estas cosas me hacen sentir incómoda y últimamente me he limitado muchísimo y también ha hecho que me ponga una barrera y no muestro lo que realmente soy.”

Mecanismos defensivos.

Estrategias que utiliza la persona para protegerse de la agresión del medio por ser una mujer bisexual, anticipándose a estos posibles actos omitiendo su orientación sexual.

Los principales hallazgos de la investigación evidencian que la bifobia ejerce un impacto profundo en el autoconcepto de las mujeres bisexuales, perpetrado por un sistema patriarcal que históricamente ha cosificado, así como invisibilizado las identidades no heteronormativas. A través del presente análisis, se identificaron algunos ejes centrales alrededor de la experiencia de la mujer bisexual, tal como sus relaciones sexo-afectivas, las cuales son percibidas desde el placer masculino, lo que se aprecia con lo referido por la mayoría de informantes sobre propuestas sexuales realizadas por hombres al tener conocimiento sobre su orientación sexual, esto es congruente con los planteamientos de  González (2022) acerca de la percepción de los vínculos entre mujeres como forma de sexismo por género y orientación sexual.

Esto permite destacar las posibles diferencias encontradas en la experiencia de una mujer bisexual. A causa de la creencia de que la bisexualidad es una orientación sexual experimental, combinado con la fantasía comercializada por la industria pornográfica de las relaciones sexuales entre mujeres planteado por  González (2022) , Corpas (2019) y Sequeira (2004), la mirada masculina heteronormativa concibe la bisexualidad como una entrada a experiencias sexuales como los tríos, que en el caso de las mujeres lesbianas se considera más incongruente o menos probable, puesto que se conoce que su homosexualidad es exclusiva.

Lo anteriormente mencionado se puede vincular con la interseccionalidad planteada por Hernández (2018), el hecho de ser mujeres bisexuales aumenta la capa de discriminación y actos violentos experimentados en base a estereotipos, como puede considerarse este tipo de proposiciones, lo cual origina incomodidad e incluso desconfianza sobre la expresión de su sexualidad. A su vez, esto coincide con el planteamiento de Salaverry (2021), que menciona el proceso de cosificación como creador de estereotipos alrededor de la mujer parte de la comunidad; se contempla que existe una constante sexualización alimentada por estas representaciones, logrando así distorsionar la percepción de la identidad propia.

Hecho que las lleva al cuestionamiento sobre su propia identidad sexual, lo que se ve presente en la totalidad de la muestra; de acuerdo a Salaverry (2021), al no concebirse como una identidad diferenciada, produce esta posible confusión, principalmente por los fenómenos de la invisibilización, así como por la concepción binaria de la sexualidad, asociándose con el estigma sexual planteado por Alfarache (2012), que entonces permite el desarrollo de un conflicto en la construcción del autoconcepto de la población estudiada, esto conforma la bifobia interiorizada, afectando el autoconcepto por el rechazo proveniente de la misma persona, respaldado por lo expuesto por Sáez (et al., 2012) en relación con la incorporación de la mirada del otro al propio autoconcepto, en este caso, la visión patriarcal de la mujer.

Ahora bien, se ha podido exponer que dentro de su experiencia vital, se presentan una serie de creencias sociales de la bisexualidad, lo que incluye la perpetuación de estereotipos y poca validez de las relaciones entre mujeres, esto elimina la idea de una identidad sexual diferenciada, generando presión para ubicarse dentro de la heterosexualidad exclusiva u homosexualidad exclusiva, coincidiendo con lo expuesto por León (2020) sobre la concepción de la bisexualidad como estrategia para transitar y consolidarse como heterosexual u lesbiana/gay; por otra parte, la interrelación con mujeres heterosexuales también se ve afectada por las múltiples estas creencias, tales como un supuesto deseo sexual indiscriminado, lo que posiciona a la mujer bisexual en un estado limitante ante las interacciones con mujeres heterosexuales, puesto que pueden suponer que por su orientación sexual, podrían intentar un avance del tipo romántico con ellas, por lo que el trato es distinto, esto es una expresión discriminatoria por prejuicios sociales.

A partir de lo anteriormente mencionado, la mujer bisexual genera una serie de ajustes sociales como forma de protección ante los posibles actos de violencia perpetrados desde el sistema patriarcal, esto tiene que ver con la desconfianza en espacios públicos y la presión social, que ha conllevado muchas veces a la inhibición, no solamente al estar en compañía de otra mujer, sino también en entornos académicos y laborales. Las mujeres bisexuales se exponen diariamente a comentarios invasivos, limitando así su libre expresión en lugares públicos por miedo a la sexualización o al rechazo social, lo que se reflejó en la mayoría de las informantes, que se refuerza con lo mencionado por González (2022) sobre sus estrategias de afrontamiento. A su vez, esto produce un impacto emocional significativo, caracterizándose por respuestas defensivas como la represión, que generan soledad y miedo, que se interrelaciona con las redes de apoyo, debido a la misma dificultad de apertura y a las creencias socioculturales alrededor de la diversidad sexual.

Cabe resaltar el impacto familiar en el espacio privado, puesto que el apoyo proveniente de este sistema es sumamente relevante y es en donde, muchas veces suele presentarse la primera forma de exclusión, se puede visualizar desde dos perspectivas; ocultar la identidad sexual como forma de precaución ante cualquier posible acto de violencia; por ejemplo, verbalizaciones prejuiciosas acerca de la orientación sexual; de cualquier manera, se trata de un acto de bifobia, debido a que su núcleo central es el rechazo.

Conclusiones

  • Las mujeres bisexuales reciben propuestas de índole sexual realizadas por hombres heterosexuales en el momento en que se expone su orientación sexual, lo que se considera un acto de sexismo por género y orientación sexual, esto ha podido generar conflictos en el autoconcepto.
  • Las mujeres bisexuales evitan cualquier expresión afectiva con otra mujer en espacios públicos como forma de protección ante la bifobia, lo que lleva a realizar ajustes en su comportamiento social, con el objetivo de impedir el reconocimiento de su orientación sexual ante personas inseguras.
  • La interrelación entre la mujer bisexual y heterosexual está marcada por las precauciones en su vinculación ante cualquier malentendido, perpetuado por la idea social de que las mujeres bisexuales tienen un deseo sexual indiscriminado.
  • Las relaciones de pareja entre mujeres bisexuales se consideran socialmente como fases experimentales, puesto que se le da mayor relevancia a las relaciones heterosexuales, afectando la percepción de validez sobre sus propios vínculos.
  • Las mujeres bisexuales suelen experimentar soledad, incomprensión, desconfianza y miedo, lo que conduce al aislamiento, debido a una red de apoyo limitada por los prejuicios, tanto a nivel familiar, como social.
  • Las mujeres bisexuales interiorizan creencias sociales sobre su orientación sexual por el estigma sexual alrededor de la bisexualidad, lo que produce malestar debido a conflictos alrededor de su identidad.

Recomendaciones

El presente estudio tiene como propósito, además de la comprensión de este fenómeno, la psicoeducación; en Venezuela, está muy presente la desinformación sobre la diversidad sexual, llevando a la perpetuación de prejuicios, discriminación y violencias, por lo que se halla relevante la realización de talleres sobre las orientaciones sexuales, así como derechos humanos; se puede exponer una clasificación de las microagresiones propias de esta orientación sexual, con el objetivo de romper estereotipos y fomentar la empatía, desde la deconstrucción de la concepción binaria de la sexualidad, con base en los descubrimientos de la investigación y, en asociación con fundaciones dirigidas a la ayuda de la mujer que cuenten con los recursos necesarios para ello.

Por otra parte, se sugiere promover narrativas no fetichistas de las relaciones sáficas, esto quiere decir que en el cine, redes sociales y prensa se representen las relaciones entre mujeres desde una perspectiva más humana, tomando en cuenta sus experiencias vitales. Se puede apoyar a cineastas, escritoras y artistas venezolanas que formen parte de la comunidad LGBTQIA+ para contar historias auténticas, lo que puede contribuir a la construcción de una imagen más real de la mujer bisexual, medios como el cine y televisión tienen mucho alcance a nivel social, así que son una vía para el cambio indicado.

A su vez, se recomienda incorporar temas de inclusión en fechas conmemorativas de los derechos humanos, puede ser el 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer), 28 de mayo (Día de la Salud de la Mujer), 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer), 17 de mayo (Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia), entre otros; de forma que se aumente la visibilidad de esta problemática en este escenario de fechas donde la población suele ser más colaborativa. Por último, organizar espacios de encuentro que incluyan conversatorios, exposiciones de arte, y talleres impartidos por personas de la comunidad LGBTQIA+ con el objetivo de generar una interacción mucho más cercana, así como producir una recaudación de fondos para las organizaciones promotoras, con algunos espacios de formación gratis y otros pagos, para también captar la atención de posibles asistentes al encuentro.

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