El abuso machista: un problema estructural que parece sempiterno…

El abuso machista: un problema estructural que parece sempiterno…
agosto 23, 2025 Ana Mary Risso

Algo que a la mayoría de las personas les cuesta entender es ¿Por qué las feministas hablan de “patriarcado” y dicen que todos/as somos machistas?

Voy a explicarlo con una idea con la que el común de las personas está familiarizada: las computadoras y los programas para que funcionen. El sistema operativo de las sociedades (no solo de las actuales) es machista, históricamente ha existido un doble parámetro de valoración sexista sobre lo que son los hombres y deben ser las mujeres, así como cuáles deben ser sus lugares y comportamientos dentro de esas sociedades. Han sido convenciones sociales (mandatos) impuestos a través del tiempo que han limitado y oprimido a la parte más vulnerable de la población en diferentes aspectos: en cuanto al sexo se ha discriminado a las mujeres, en cuanto al dinero y poder se ha discriminado a los pobres (de ambos sexos) y así ha sucedido con personas discapacitadas, enfermos y otras situaciones que han sido convertidas en desventaja social y económica.

En esa conformación de la estructura y funcionamiento de las relaciones sociales (Patriarcado) las mujeres hemos estado históricamente en desventaja, nacemos insertadas dentro de una estructura social que nos precede, nos incorporamos aprendiendo desde pequeñas cómo funciona esa matriz (como la película de Keanu Reeves) dentro de la cual se desarrolla la vida cotidiana. Hay gente que jamás cuestiona cómo esa matrix machista ha sido organizada y cómo funciona, se siente cómoda y parte de ella aunque también sea perjudicada por sus formas de violencia machista y discriminación, porque tal como decía Rosa de Luxemburgo “si no te mueves no sientes las cadenas”, pero ahí están!!

Quienes empiezan a hacerse preguntas frente a un estatus quo sexista porque sienten que “algo no cuadra”, porque empiezan a detectar desigualdades de valoración y trato hacia las mujeres, cuando te empiezas a sentir incómoda frente a lo que consideras injusto es que ocurre el rompimiento, empiezas a ser esa arandela floja del reloj, a chocar con los mandatos sexistas que reproducen y sustentan el sistema social machista ¿Y qué es lo que pasa cuando alguien levanta la cabeza y se sale de la masa? ¡Exacto! Comienzas a sentir claramente la violencia que ese sistema ejerce contra ti a veces no de forma muy sutil, por convertirte a través de esa conciencia feminista en disonante y disfuncional a ese sistema.

El propósito de esa violencia machista es aplacar tu disidencia (y la de otras mujeres en tu misma situación) para que te sometas nuevamente al redil y todo siga funcionando machistamente a favor, obviamente, de los sujetos que dominan todos los poderes: económico, político, religioso, social, jurídico siendo actualmente la última afrenta el transgenerismo queer que pretende robar la categoría “mujer” y borrarnos con ello de la faz de la tierra, ¡pero eso es harina de otro costal! Por eso la descalificación al Feminismo y las feministas, la cancelación al reclamo de derechos para las mujeres, las burlas e incluso las acciones legales para ocultar y disuadir nuestra disidencia.

Cuando tomas conciencia de que por ser mujer eres discriminada y tratada con desigualdad te conviertes en hereje y nunca faltará un representante de la Santa Inquisición Machista que te identifique y castigue por el pecado de pensar diferente y de tener el tupé y la irreverencia de decirlo públicamente en alta voz. Serán personas de tu propio entorno laboral, familiar, amistades e incluso pareja que te harán sentir el peso por tu postura crítica y eso es algo que duele mucho: la incomprensión y el rechazo.

Como los sistemas operativos de las computadoras actualmente hay sociedades más machistas que otras. Mientras los países de Europa del Norte (antes de la invasión islámica) funcionaban con la última actualización el Windows 11, otros funcionan con el XP, el Windows 7, el Vista o como los países islámicos (todos sin excepción) que aún usan el Windows 1.0… Esta forma de funcionar la sociedad ha sido históricamente impuesta, es como la rueda, nadie sabe quién la inventó pero ahí está y la usamos todos sin hacer preguntas, son muchas personas haciendo lo mismo de la misma manera por toda su vida y transmitida como “normalidad” a sus descendientes. Por esto la discriminación contra las mujeres y sus consecuencias son estructurales y difícil de cambiar: son muchas mentes individuales con comportamientos que afectan no solo a ellos sino a su entorno y cada una de esas cabezas deben cambiar su forma de pensar y actuar.

El mundo tiene siglos funcionando así, de una forma cómodamente sexista donde los “cómodos” que se benefician han sido los hombres ¿están ellos interesados en cambiar un sistema que les garantiza el poder? Por eso estamos solas en esta lucha y sufrimos la reacción en contra de un estatus quo que realmente NO está dispuesto a cambiar ni reducir sus privilegios, solo en los últimos 150 años (¡y la humanidad tiene más de 7.000 años!) es que las mujeres han logrado cambios para poder ser reconocidas “seres humanas con alma” (hasta eso llegaron a cuestionarnos) que tienen derecho a los mismos derechos que han gozado los hombres.

Lo anterior alude a lo macro, al machismo estructural de la sociedad donde existimos pero ¿Cómo se operacionalizan los mandatos machistas en lo micro, en la vida de las mujeres? Aquí es donde entra el abuso machista en todo su esplendor… Todas las personas somos educadas para ser machistas y solo cuando cuestionamos la realidad impuesta es que podemos dejar de serlo o de ser un poco menos machista.

Olvídense de los seres de luz, ser socializados con valores machistas deja una impronta difícil de eliminar totalmente, reproducimos esos valores en nuestra conducta cotidiana sin tener conciencia de ello: cómo hablamos, las palabras que usamos, los chistes que decimos, como nos relacionamos con otras personas de ambos sexos, las canciones, la publicidad, las películas, las obras artísticas todo esto está impregnado de valores sexistas que no vemos claramente pero que están, que apuntalan y reproducen la sociedad machista. Esa es la matrix sexista donde todas esas situaciones están naturalizadas y normalizadas, por eso es una programación difícil de cambiar sin que haya una voluntad expresa de las personas para hacerlo.

En la vida íntima de hombres y mujeres se reproducen todas estas formas de relaciones de poder. Al igual que los países, algunos hombres funcionan con el Windows 11 o el 10 pero hay otros que funcionan con versiones más arcaicas, y ahí es donde nacen las incompatibilidades que hacen difícil la convivencia. A veces nos encontramos unos especímenes retrógrados con apariencia moderna full de virus y parches mal puestos con los que chocamos de frente y salimos emocionalmente mal heridas… Lo que lleva a muchas parejas al divorcio es la muerte del amor por descuido de la relación, por manipulación narcisista o abuso machista, entre otras posibilidades. Hay parejas que se separan y hasta allí quedan las discusiones, otras se divorcian pero el tipo queda enganchado en su deseo de control y violencia machista (esto no niega que ocurra con mujeres pero mi foco son los derechos de las mujeres, no de los hombres), además ¿Es válido decir actualmente que un matrimonio deba durar “hasta que las muerte los separe”? ¿O hay que cambiar el paradigma y aceptar que la duración del amor puede tener un tiempo finito?

La imaginación es la loca de la casa, decía Santa Teresa de Jesús

…y es muy cierto porque el sufrimiento emocional está construido en nuestra mente en base a pensamientos negativos sobre los que tenemos realmente escaso o nulo control. La violencia psicológica de la violencia machista contra la mujer se suele subestimar porque “no deja huella física”, no es un hueso fracturado, un ojo inflamado o un hematoma en cualquier parte visible del cuerpo, sin embargo, es la violencia que más duele y daña porque se sufre en la mente de la víctima quien recuerda una y otra vez casi obsesivamente las situaciones de violencia y abuso emocional vividas: el desamor, el irrespeto, el abandono, las amenazas, las manipulaciones, las mentiras, los insultos, ofensas y descalificaciones que van erosionando día a día su autoestima y seguridad en sí misma apagando el brillo de la mirada.

La violencia machista se sigue sufriendo después de la separación o el divorcio a través de los hijos en común, un mensaje amenazante le hace revivir el miedo a perder algo valioso (sus hijos, su casa, etc.) no basta con tener conciencia de que aquella persona ya no le puede hacer daño o que su entorno le reitere que “todo está bien y no te pasará nada”. El miedo es libre, verdaderamente libre y sin control, te repites mil veces que no debes tener miedo pero igualmente la angustia está presente y te roba la sonrisa de la cara, las ganas de levantarte en la mañana, te roba el sueño, el problema con el agresor machista es lo último que te viene a la mente antes de dormir y es el primer pensamiento al despertar como si no pudiera ser posible borrarlo de la mente. Por éste motivo la violencia psicológica del abuso emocional es tan insidiosa, porque la angustia de la imaginación y los pensamientos negativos secuestran con facilidad la mente de la persona y cuesta mucho esfuerzo retomar su control.

Esos hombres que como espectros del pasado se niegan a morir y pretenden permanecer en la vida de su ex pareja porque su orgullo herido se lo impone, ejerciendo violencia a través de los hijos en común o el dinero para su manutención son tipos peligrosos a quienes hay que darles trato de narcisistas: ¡contacto cero y bloqueo de todos lados! No es normal ni aceptable que después de divorciados el tipo pretenda seguir ejerciendo control reclamando que los tomen en cuenta o haciendo exigencias que no corresponden como celos, controlar la administración del dinero que aporta por los hijos o quien entra a tu casa. Si estas cosas ocurren debes ponerle fin por tu bien y seguridad.

El nombre de la ley venezolana LOSDMVLV es “El derecho a una vida libre de violencia”, se refiere al derecho de toda mujer a vivir en paz y a ser tratada con respeto. Grábate esa frase en tu cabeza y en tu alma: tienes derecho a vivir en paz, a ser feliz, a ser tratada con respeto, a no calarte nada que te genere angustias, miedo ni saque lágrimas de tus ojos o te cause insomnio, y menos por un tipo que solo fue un accidente en tu vida porque como fue él pudo ser otro.

Tu primer derecho y deber es cuidarte, amarte y respetarte a ti misma, no aceptes irrespeto ni maltratos de nadie sea familia, pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo o vecinos, ¡De nadie!

Autorespeto, amor propio y límites claros para que nadie abuse de ti ni te haga víctima de violencia y ojalá en tu vida encuentres compañeros con el sistema operativo actualizado no Picapiedras con problemas psicológicos que no quieren resolver. Y por supuesto, no trates de lograrlo todo sola, para eso existe gente profesional en salud mental que te ayudará a desenrollar esa madeja de pensamientos obsesivos que te angustian y generan inseguridad.

Las opiniones expresadas de los columnistas en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de Feminismoinc o de la editora.

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