Autora: Identidad reservada

Soy mujer jefa de hogar y tengo 38 años. He trabajado en investigación de mercados, manejo de pequeñas empresas como emprendedora en el área tecnológica y actualmente trabajo en análisis estratégico de mercados. Soy mujer de carrera.

Me considero feminista, acepto como una realidad evidente que los modelos patriarcales están ampliamente arraigados en las empresas donde hacemos vida, damos un importante aporte a la sociedad y obtenemos nuestro ingreso; es uno de los espacios de poder donde las mujeres tenemos mayor urgencia de ser reconocidas como iguales y tratadas equitativamente.

Para ser exitosas, es clave conocer y saber cómo aplicar en las empresas en que trabajamos, herramientas capaces de impulsar el reconocimiento del potencial profesional, económico y directivo femenino; entendiéndose no solo como concientización, sino orientado a ejecutar efectivamente acciones precisas que nos ayuden a construir un cambio duradero.

Hoy las campañas contra la violencia y no discriminación tienen “buena prensa”, nadie en su sano juicio criticaría abiertamente la igualdad de la mujer en un espacio laboral, que somos merecedoras del mismo pago por el mismo trabajo, o que merecemos ser consideradas para un ascenso igual que los varones. La concientización, puede decirse entonces, ha avanzado. En la práctica ¿Hemos avanzado entonces?

Trabajo en Venezuela, en una empresa de alcance nacional con más de 500 empleados, y confirmado con recursos humanos, la proporción de mujeres es mayor en todas las áreas. De 8 miembros, solo hay una mujer en el Consejo Directivo y su presencia es intermitente: de las últimas 5 o 6 veces que he presentado resultados, solo una vez ha estado presente; y es habitual que en reuniones donde se convoca solo al Consejo, ella no asista. Ignoro si no es convocada o se excluye voluntariamente.

En la segunda línea, gerentes de áreas, hay buena representación de mujeres. Sin embargo, es un comentario común de mis compañeras en rango no gerencial, que las mujeres gerentes son ninguneadas, y que ascensos y oportunidades son evidentemente sesgados a favor de los varones. Y estoy bastante de acuerdo. Las mujeres estamos fuera del círculo clave de decisiones, y sí… he presenciado tratos discriminatorios que no sabemos bien cómo enfrentar, reorientar, o evitar, y temo que la respuesta (que disculpa y muchas veces le resta importancia o le sonríe a la “gracia”) de muchas de mis compañeras, puede estar reforzando las acciones. Les he consultado y dicen que responden así porque no saben qué hacer, no van a confrontar a un gerente, o que “era echando broma”.

Yo fui contratada con rango de gerente, y tengo una larga experiencia laboral en diferentes áreas. No tengo mucho temor de manifestar desacuerdo o duda, proponer opciones aunque tal vez no se hayan intentado antes, o en mostrar los resultados de mi trabajo aunque no siempre sean simpáticos! algunas de mis compañeras, quieren crecer. Tal vez por eso, ven con atención la forma como trabajo cotidianamente y me comunico con los directivos. Nos falta orientación.

El temor, o la resignación a que “esta es una empresa tradicional y aquí las cosas son así” puede llegar a ser tan poderoso como las ganas de demostrar todo el potencial, y ha terminado en la renuncia de compañeras muy talentosas, el franco abandono emocional al trabajo de otras, y la aceptación de que las decisiones, ascensos y oportunidades son básicamente para los varones.

Las mujeres necesitamos entrenamiento para aprender a comunicar mejor nuestras necesidades y nuestros argumentos, para aprender cómo poner una gran luz sobre nuestros logros y potencial. Yo ya lo hago, pero mi foco está en resaltar el trabajo, no mi condición de mujer ni hasta ahora me he enfocado a pedir mayor cuota de participación en las decisiones o entrenamiento para ser elegible al cargo siguiente. Estas, son necesidades válidas y justas que todas tenemos.

Impulsar el poder femenino es algo que debe hacerse con mucha inteligencia, porque puede generar una controversia que, en lugar de favorecernos, genere un distanciamiento de aquellas mujeres de nuestro entorno a quienes debemos llegar; y un veto de quienes se pueden sentir amenazados. Por eso, me he interesado en el programa de Coaching para Atrevidas. Creo que el poder de este entrenamiento es que trasciende el proceso de concientización, y nos permite llevar a ambientes tan reales como nuestro trabajo, el acompañamiento para lograr lo que considero clave y mencioné al principio: ejecutar acciones precisas que nos ayuden a construir un cambio duradero. 

Podemos formarnos en esta práctica, y compartir con nuestras compañeras que sí es posible construir la igualdad por medio de acciones pequeñas, cotidianas, pero tan firmes y efectivas que van permeando la cultura y la expectativa que tenemos, y que tienen los demás sobre nuestro trabajo, la forma en que debemos ser tratadas o nuestro potencial para crecer y liderar.

Para ir construyendo un cambio real, es muy importante llegar directamente a las personas adecuadas hasta crear una masa crítica. Las mujeres que hemos sentido tristeza, molestia, o ilusión por un cambio que nos permita demostrar nuestro potencial y acceder al reconocimiento, los ascensos y beneficios, somos las early adopters!  Podemos ayudarnos unas a otras a orientarnos para lograr lo que queremos de nuestras carreras. Y para empezar, formarnos para ejecutar acciones de manera efectiva, es clave.

Mi primera acción ha sido esta. Compartir con ustedes mi experiencia, mi motivación, y mi visión de que el cambio real que necesitamos, trasciende la concientización. Necesitamos construir a partir de la acción.

Autora: Identidad reservada

Artículo publicado con compromiso de no revelar la autoría.

 

Author: Susana Reina

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial.
Vicepresidenta de Desarrollo Corporativo Grupo Multinacional de Seguros
Directora Fundadora de FeminismoINC. Venezolana.
Feminista

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