Trabajo con un grupo de mujeres poderosas. Son las responsables de gestión de personal en una gran empresa venezolana. Para estos tiempos que corren, la labor de Recursos Humanos es una de las funciones más comprometidas y difíciles de desempeñar. Las necesidades de la gente en medio de esta crisis sin precedentes parecieran no tener fin. Aun así, ellas han demostrado creatividad, flexibilidad, capacidad, resiliencia, liderazgo, y uso racional de los escasos recursos en todas las situaciones que les ha tocado resolver. Situaciones que tocan lo más humano y profundo de la vida de nuestra población laboral, sin tener a veces  herramientas a mano para resolver. Ellas salen de la impotencia, se llenan de ambición y hacen lo que haya que hacer para ayudar a todos.

También veo iniciativas lideradas por otras mujeres, no solamente en el ámbito empresarial privado, sino social, académico, político, público. Esas mujeres dan ideas, se meten en los problemas, apoyan a quienes desean hacer algo. Lidian con la desnutrición, con la escasez, la inseguridad, con la desidia gubernamental, con los ataques de quienes critican sin hacer… Sin descanso, sin contagiar desánimo, viviendo en la poderosa ambición de que un cambio es posible.

Lo social, lo humano, el cuidado, la protección al otro, tradicionalmente ha sido asociado a lo femenino. Hoy sabemos que ese rol no tiene nada que ver con genética, ni hormonas, ni cerebro. Es pura crianza, cultura y educación. A las mujeres nos han enseñado a encargarnos de los demás y lo hemos hecho siempre.  Los hombres no saben cuidar porque no han aprendido a hacerlo. Desde el momento en que un niño toma una muñeca y el padre le cae a palos para que la suelte, le estamos diciendo que eso de atender a otros no es con él, que para eso están las mujeres. Pero estoy segura, porque casos hay, de que se pueden encargar de apoyar, atender, nutrir, consentir y ayudar con ternura y devoción a cualquier ser humano, si les damos el chance de hacerlo y cambiamos como sociedad el concepto de Poder.

A lo largo de la historia, los cuidados a otros han sido considerados como actividades de bajo nivel, al punto de que no se le considera ni siquiera trabajo. La carga doméstica aun hoy sigue siendo no remunerada, no valorada y asumida como segunda o tercera jornada laboral de muchas mujeres que además tienen un empleo. Pero el sistema económico y productivo de un país no puede sostenerse si no hay quien cuide a los niños, a los ancianos; si no hay quien procure las condiciones mínimas para apuntalar la labor de generar capital. Por ello urge replantearnos la carga valorativa que le damos a lo social y a la calidad de vida para tener sociedades felices, y dejar de menospreciar el trabajo que muchas mujeres hacen a favor de los demás.

Porque estas chicas de las que hablo no están reforzando el estereotipo machista de la mujer frágil, que solo existe para servir al otro. Ellas lo hacen convencidas de que el desarrollo solo es sostenible si se generan empresas productivas en medio de entornos que logren indicadores de gestión positiva en salud, educación y desarrollo social. Ellas transforman sus habilidades personales aprendidas en la cultura patriarcal, en herramientas de cambio y transformación social de forma profesional, inclusiva y eficiente. No es caridad, ni filantropía. Es liderazgo gerencial puro y duro.

Son unas hacedoras, buscan resultados, se asesoran, ejecutan, evalúan, toman la batuta, dirigen, ordenan, lideran, suben la voz, hablan con quien sea, resuelven.  Son unas valientes decisoras que demuestran dominio de sus emociones y pulso firme, y al mismo tiempo, expresan abiertamente sensibilidad empática por el dolor del otro.

Ellas están rompiendo paradigmas en el ejercicio del poder y el liderazgo tradicional, que reservaba a los hombres el dominio de la palabra y la acción protagónica, y a las mujeres, el manejo emocional involucrado en las relaciones interpersonales. Ellas dominan, con lenguaje, cuerpo y emoción, e incluyen a todo el que sea necesario, sin perder el contacto personal.

Lo más importante de este cambio, es que ellas no solo son poderosas, sino que además empoderan a muchos otros ayudándoles a resistir y a salir fortalecidos de las adversidades y de las consecuencias que está dejando en la gente, las situaciones límite de la economía del país. Algo bueno tenía que traer esta crisis y es el redimensionamiento de lo que el poder significa, de lo que hacer política implica, y qué bueno que venga de la mano de tantas mujeres.

Ojalá visibilicemos a estas heroínas y las usemos de ejemplo en las clases de los programas de formación gerencial. Ellas están dictando cátedra en la redefinición del concepto de poder: poder para lograr, poder con la gente, poder para empoderar.

Author: Susana Reina

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial.
Vicepresidenta de Desarrollo Corporativo Grupo Multinacional de Seguros
Directora Fundadora de FeminismoINC. Venezolana.
Feminista

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