Una vez más los hombres políticos de este país cierran filas para repartirse el poder, de manera que ninguna mujer está formando parte de la nueva junta directiva de la Asamblea Nacional. Muchos tuiteros critican el reclamo de no pocas activistas de Derechos Humanos de mujeres por esta acción, señalando el exiguo poder que le queda a la AN y a la oposición formal, como si fuese una suerte de tiempo perdido querer aspirar a formar parte del liderazgo que conducirá la instancia parlamentaria este difícil año 2018. Yo creo que no hay espacio de poder desdeñable. Y menos en la Venezuela actual.

Ese no es el punto. Sea donde sea, las mujeres tenemos el derecho y el deber de estar en puestos directivos en paridad e igualdad de participación en todos los ámbitos donde las decisiones deban ser tomadas. Desde un consejo comunal, una asociación de vecinos, un condominio, hasta un concejo municipal, un parlamento, una junta de accionistas, un gabinete presidencial. ¡Donde sea!

Pero como la historia ha demostrado siempre, las mujeres somos excluidas bajo el mandato hegemónico masculino que se reserva para sí todo espacio de poder. Es una especie de pacto misógino que desde hace 7000 años rige las relaciones sociales a nivel mundial, y determina que lo público es territorio de machos. Las mujeres a “reinar” en el hogar.

No importa si las posibles candidatas, que las hay aunque no las vean, tienen méritos, experiencia, conocimiento, formación o una trayectoria intachable. Ella es descartada por el hecho de ser mujer. Porque aceptarla significa romper un código de honor, un pacto de caballeros: el poder es masculino y como tal lo quieren preservar.

La misoginia se define como el odio o la aversión hacia las mujeres o niñas, que se manifiesta de diversas maneras, incluyendo denigración, discriminación, violencia, cosificación sexual, y como en este caso, exclusión de la vida pública.

Mi maestra Evangelina García Prince lo expone claramente en su reconocido taller sobre Solidaridad Femenina: “Lo encuentras desde las sociedades secretas hasta los clubes para hombres, fraternidades universitarias, las cúpulas, argollas, roscas, cogollos de partidos y otros grupos, exclusivamente masculinos, formales e informales, en las organizaciones representativas del poder, cualquier poder”

La fraternidad masculina se origina en el “pacto misógino”, una suerte de alianza que reserva privilegios a los hombres con el apoyo de todos ellos. Si hay algún apoyo o impulso al liderazgo femenino, es porque se trata de esposas, o hijas o mujeres percibidas como dominables o manipulables para garantizar que ellos son los que seguirán mandando.

Pero las cosas están cambiando en el mundo y por muy escondidos que aquí estemos todo eso va a llegar. Las luchas feministas han tardado, pero están transformando las relaciones humanas y la estructura de poder entre géneros. Véase la nueva legislación en Islandia que cataloga como delito pagar menos salario a una mujer, o la campaña #MeToo y #DearSister en Estados Unidos, o el auge del movimiento feminista que está poniendo dedos en las llagas machistas en todos los rincones del planeta.

Ya por lo menos una cosa como esta de la nueva elección de la directiva parlamentaria, tan burda, grotesca y abiertamente machista, no pasa por debajo de la mesa. Indigna y mueve a muchos y muchas.

No existe proyecto político sustentable que deje sistemáticamente por fuera a la mitad de la población, a un género completo, a quienes tenemos mucho que decir y aportar para salir de esta horrenda crisis. Hasta aquí nos ha traído la lógica masculina sobre su óptica para atender y gerenciar los asuntos del país, y más abajo iremos a dar si no se dan cuenta que dejarnos por fuera tiene consecuencias negativas. La democracia se puede perder por muchas vías, y esta es una de las más expeditas.

Por lo menos un signo positivo en medio de tanta decepción: las mujeres de todos los partidos opositores cerraron filas para apoyar a Delsa Solórzano como posible y mejor opción a la Directiva de la AN, plasmado en un comunicado del Frente Nacional de Mujeres. Expresión de la necesaria alianza femenina en clave sororal que urge consolidar para que las mujeres accedamos definitivamente al poder.

Author: Susana Reina

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial.
Vicepresidenta de Desarrollo Corporativo Grupo Multinacional de Seguros
Directora Fundadora de FeminismoINC. Venezolana.
Feminista

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