Por Vanessa Federico

¡Llegó el día!

Cuando comencé el proceso de tesis siempre tuve claro que quería hablar de las mujeres en el mundo empresarial. Para mí era necesario hablar sobre cómo los estereotipos culturales afectaban a las mujeres profesionales en su trabajo. Claro, para  mí era importante hablar del tema, para muchos “no era un tema periodístico relevante”. Llegó el día y entregué mi anteproyecto (un pequeño trabajo donde explicas las razones por las que quieres abordar el tema en cuestión, plantear hipótesis, etc); para mi sorpresa el anteproyecto fue rechazado. En ese momento pensé que era yo el problema por no ser “buena periodista” o el tema no interesaba.

Desanimada por todo este drama, una compañera de estudio a quien se le había rechazado también su anteproyecto, me pidió que trabajáramos juntas en un proyecto nuevo inspirado en mi anteproyecto rechazado: “Mercedes Pulido: Intelectual Público”. Este era un tema que si bien trataba de una mujer excepcional, no era lo que yo buscaba. Yo quería hablar del colectivo, de la sociedad, de los techos de cristal, de la brecha salarial, de las mujeres profesionales que debían debatirse entre ser exitosas en sus trabajos o seguir la corriente de la “buena ama de casa”; precisamente de eso quería hablar, y que en este nuevo proyecto no lo veía reflejado. Después de muchas discusiones con mi ex compañera de tesis decidí separarme definitivamente de ella, dejándole un proyecto al 60%.

Ahora bien, Vanessa Federico se quedó sin tema, sin tesis, sin compañera. Me quedé sin todo lo anterior, pero aún tenía la idea original intacta y firme.

Mi familia pensó que me estaba volviendo loca, que no me graduaría con mi promoción o que incluso no me graduaría. Muchas veces me dijeron, “Vane, creo que estas exagerando”, “No creo que las discusiones con tu ex compañera sean tan terribles”, “quédate con ella y termina tu tesis, total son seis meses nada más”, esas voces todos los días en mi cabeza casi hacían efecto, pero no, no dejé que así fuera. Porque es triste que un proceso tan enriquecedor, arduo, difícil, complicado, agotador, pero al mismo tiempo satisfactorio y apasionante sea el último que hagas en tu carrera y no lo disfrutes o no sea de lo que tu querías hablar.

Pues para sorpresas de todos desarrollé un proyecto nuevo de tesis en dos días, sí, en dos días. Agarré un fin de semana completo y escribí el proyecto de principio a fin, no dormí, no apagué la computadora en 48 horas y todos pensaron que literalmente había enloquecido.  El último lunes antes de irnos de vacaciones decembrinas, le presenté mi nuevo proyecto al que era en ese momento era el Jefe del Departamento de Periodismo de la Escuela de Comunicación Social. Al profesor le gustó y en ese mismo instante se ofrece a ser mi tutor. Pasé de no tener nada para graduarme a tener tema y tutor.

Llegó el 2017 y con el año llegaron mis ganas para seguir trabajando en mi tesis. En las investigaciones pertinentes de mi tesis es típico que pones en el buscador de Google “feminismo”, “feminismo en Venezuela”, “feminismo en empresas venezolanas”, y me consigo con un blog interesantísimo: Feminismo Inc. “Oh por Dios”, dije dentro de mí: “esto es justo lo que buscaba”. Me fui a la pestaña de “contacto” e ingenuamente escribí un mensaje: “Hola, soy estudiante de Periodismo de la Universidad Católica Andrés Bello y estoy haciendo mi Trabajo de Grado sobre la organización Feminismo Inc”. Al día siguiente recibo la respuesta de Susana Reina diciendo que le encantaba la idea y que si quería podía reunirme con ella en su oficina el 6 de enero; por supuesto yo encantada.

La primera entrevista a Susana fue un éxito. Salí de ahí sintiéndome Wonder Woman y con unas ganas inmensas de continuar, pues así fue, seguí escribiendo, investigando, aprendiendo, preguntando y sobre todo observando cómo se movían las mujeres profesionales en Venezuela.

Los resultados fueron muchos, pero el más impactante para mí fue descubrir que las mujeres venezolanas tienen los índices más elevados en cuanto a formación académica, uno de los índices más altos en Latinoamérica y que a pesar de esto en Venezuela menos del 1% de estas mujeres no llegan a posiciones de liderazgo.

Cuando hacia las entrevistas para la tesis muchas veces me topé con personas que me decían que a las mujeres venezolanas había que formarlas más, había que educarlas más y que había que incrementar su participación en las escuelas y universidades. ¿Qué les pasa?, decía yo, ¿no se dan cuenta que las universidades están repletas de mujeres?, sin ir más lejos: mi salón de clases. Somos 28 estudiantes de la mención periodismo y solo hay 6 varones. ¿Por qué en las universidades hay tantas mujeres y en las empresas tan pocas? Bueno, se llama efecto tijera. A pesar de que las mujeres se gradúan pocas se mantienen en sus trabajos por años, pues se casan, comienzan a tener bebés y abandonan sus puestos de trabajo para ahora ser madres y esposas.

Son pocas las mujeres en Venezuela que logran balancear su vida familiar con sus trabajos, y si lo lograsen arrastran con culpas, señalamientos, juicios y un fin de obstáculos que no deberían existir.

Finalmente, llegó el día de la corrección de mi tesis y hoy puedo dormir tranquila con la satisfacción de haber hecho lo que quería siendo fiel a mis instintos, y no ir con la corriente sino contra ella, dándole voz a las venezolanas que quieren ser profesionales, madres y esposas sin sacrificar alguna de sus etapas, pues ¿qué sería de una sociedad llena de periodistas que siempre escribieran de lo mismo?

Author: Vanessa Federico

Vanessa Federico
Periodista - UCAB
Asistente Ejecutiva de Feminismo Inc
Venezolana y feminista

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