Por Gabriela Caro

Es necesario desmitificar la vergüenza por denunciar el acoso virtual, porque es una práctica común que se extiende e intensifica, ya que se le resta importancia y usualmente, es un tipo de acoso que es  ignorado porque se considera lejano y distante cuando es totalmente lo contrario, es un acecho latente y constante que se multiplica y afecta directamente a miles de mujeres diariamente y cuyas consecuencias, son tan variadas como irreversibles

Desde la burla e invasión de la privacidad hasta el suicidio y homicidio.

Y todo suele comenzar con la transferencia de alguna imagen de contenido sexual, sin permiso de la involucrada o con el envío de alguna foto de un miembro masculino, sin que ésta se haya solicitado.

      Si se hace viral avergonzar a una mujer, por fotos, vídeos o imágenes que simplemente muestran su sexualidad ante los demás, con o sin consentimiento, dentro o fuera de una relación, la respuesta debe ser proporcional, de parte del gremio femenino, toda agresión, acoso, incluido el envío de contenido sexual que no fue solicitado, debe ser expuesto y denunciado, por lo siguiente:

  1. Para validar el derecho a la protección de la víctima.
  2. Para reconocer el derecho al reclamo y denuncia de una violación (aún cuando solo el 30% de los casos de acoso son denunciados y se hacen públicos, según cifras de ONU Mujer y la violación, incluye toda clase invasión de la privacidad sin consentimiento)
  3. Como consecuencia de las anteriores, es prioridad desmitificar la pena, vergüenza o pudor, que experimentan las mujeres al dar a conocer un reclamo o denuncia. Factor crucial para combatir efectivamente el acoso en todas sus formas.
  4. También así podremos contarnos, quedando claro que no son casos aislados ni exageraciones, que no son juegos, son acciones serias, que afectan drásticamente a un colectivo, que despertó y por ultimo, se espera que así, el gremio masculino entienda, de un social media, que esta igualmente involucrada de forma positiva en la situación y que devuelve de frente, lo que recibe.

         Hay que derrocar el paradigma tácito, de:

     “Esta bien hacerlo, pero esta mal denunciarlo (comentarlo, difundirlo…)”

         No son cuentos, ni exageraciones, el 13 de Septiembre de 2016, Tiziana Cantone, una mujer italiana en sus treinta, se suicidó después de sufrir mas de un año y medio de acoso virtual, por la divulgación de un vídeo sexual, que su ex pareja difundió sin su consentimiento, primero por Whatsapp con su círculo de amigos y conocidos, luego en páginas de Internet, después se comercializó en sitios de contenido sexual para adultos y terminó viralizándose, en redes sociales de todo tipo en Italia y Europa.

       Fue tan difundido y de tan alto impacto el vídeo en su propagación masiva, que producto de ello:

  • Se popularizaron frases referentes al vídeo, que se vendían y comercializaban con normalidad, que además se hicieron de uso común, en la sociedad italiana.
  • Se puso de moda emular las acciones del vídeo, que por supuesto popularizaron la creación de memes y parodias del vídeo, tanto por famosos futbolistas como por personas anónimas.
  • Iniciaron encuestas públicamente para encontrar a alguien que no conociera la frase o hubiese visto el vídeo.

A raíz de lo antes expuesto, la gente se consideraba con el derecho de escribirle insultos a la joven afectada, en cualquier parte y bajo cualquier circunstancia, fue despedida de su trabajo y juzgada severamente por un hecho natural, por una sociedad tan supuestamente católica, dicha sociedad no aceptaba que ella era la víctima, que era culpada, cuando en realidad, debía ser defendida de tan salvaje  y feroz hambre de escándolo y por un acoso tan evidente.

Legalmente Tiziana,  había introducido demandas contra Google, YouTube, Yahoo, y Facebook.

Iniciando un proceso que exigía el derecho de olvido, por lo que había obtenido que el vídeo no apareciera en los buscadores, sin  embargo conseguía bajo otros títulos, y aun así el mismo tribunal, sentenció, que ella debía pagar los costos de todo ese proceso, unos 20.000 euros aproximadamente.

       ¿Justicia? La mujer fue víctima de abuso, acoso virtual y sexual y ella debía  pagar por lo gastos que medianamente restituían sus derechos.  Quizás.

     Su integridad nunca, fue restituida.

Por otra parte, la familia declaró a los medios de comunicación italianos, que “Tatiana había sido asesinada por la web y la indiferencia de muchos” Yo estoy de de acuerdo porque mientras sobrevivió el duro proceso del acoso virtual, acoso sexual callejero producto del primero y la exclusión de la sociedad, por la demostración de su sexualidad en un ambiente privado sin su consentimiento, la misma sociedad sacó provecho de las circunstancias, el comercio se lucró, los famosos se burlaron, los desconocidos se rieron de ello y se hicieron populares, los apoyaron, la justicia la culpabilizó mientras estuvo viva. Pero después de su muerte hasta el Primer Ministro, expresó públicamente que la sociedad italiana debía tomar consciencia y generar un cambio por su propio bienestar.

     Y así suceden a diario los casos anónimos de compañeras de trabajo, vecinas, primas lejanas, conocidas y colegas que no son tan sonados, ni mediáticos.  Pero sí son famosos en el boca a boca y las consecuencias, son igual de injustas y sin justicia no hay paz.

 

Author: Gabriela Caro

Feminista | Escritora | Lcda. En Relaciones Industriales | Especialista en Psicolingüística | Consultora de Recursos Humanos con una década de experiencia | Comprometida con el cambio positivo | Amante de la diversidad| Zuliana

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