La semana pasada Ivanka Trump, asesora de la actual administración en la Casa Blanca y quien llegó prometiendo luchar por las mujeres trabajadoras, anunció que está de acuerdo en revertir una política dirigida a eliminar la brecha salarial de género. En enero 2016, Barack Obama había promulgado una orden para que empleadores con más de 100 trabajadores informaran a la Comisión de Igualdad de Oportunidades de Empleo, cuánto pagaban en sueldos desglosados por género, raza y etnia. El Expresidente había firmado en 2009, en el aniversario de la Lilly Ledbetter Fair Pay Act, una ley de igualdad de pago que, entre otros beneficios, daba a los empleados hasta 180 días para presentar demandas después de recibir un cheque de pago discriminatorio.

En última instancia, aunque creo que la intención era buena y estoy de acuerdo en que la transparencia de pago es importante, la política propuesta no daría los resultados esperados”, dijo Trump en un comunicado. Y punto. En base a qué a ella le parece que tal medida no dará los resultados esperados no lo dijo. En un memorándum publicado el martes, otro asesor citó preocupaciones por cuestiones de privacidad y confidencialidad, así como por el papeleo asociado con la recopilación de datos.  Justificaciones y excusas que obviamente despertaron la indignación de las organizaciones feministas en USA.

Leo esto y recuerdo enseguida una película famosa por los 80s “Terminator”, una especie de robot que cuando uno creía que ya estaba destruido, emergía de los escombros para seguir dando la pelea con otra forma física, para despistar. Igualito es el machismo como sistema de creencias de dominación sobre la mujer. Se toman medidas, se promulgan leyes, se forman comisiones, se celebran congresos, se diseñan programas, se generan campañas, se hacen acuerdos, se amarran aliados, y cuando uno cree que ahora sí se está caminando en la senda que nos conducirá al final feliz, vuelve el monstruo y ataca de nuevo, retrocediéndose así lo alcanzado. Como dicen mis amigos psicólogos, es el paciente que hace un “como si”, muestra una recuperación asombrosa, pero al poco tiempo regresa a la situación de inicio o peor.

Machismo resiliente, indestructible. Neo-machismo, lo llaman algunos. Una forma mucho más sofisticada de dominación que emplea argumentos que aparentemente ponen a las mujeres en la cima de las decisiones, cuando en el fondo reproduce los mismos resultados insatisfactorios para muchas. La lactancia exclusiva, el parto humanizado, la vuelta a lo natural, la negación de la brecha salarial como fenómeno, la maternidad subrogada, la venta de la super woman que se hace cargo de todo, las grandes marcas mostrando cuerpos más reales pero siempre vendiendo sus productos ideales… acciones diseñadas para mantenernos bajo el ámbito de lo doméstico privado con la sensación de que si no puedes con todo eso, es que no eres suficientemente capaz. Y mal agradecida además.

Parece que estamos viviendo tiempos de retorno a ideologías neoconservadoras que postulan entre otras cosas estados autoritarios, racismo exacerbado, una drástica limitación de los programas de cuidados en especial para los más pobres, un retroceso en los derechos sexuales y reproductivos alcanzados y un cuestionamiento sexista retrógrado, lamentablemente entre las generaciones más jóvenes. Una rápida visita a las redes sociales da pruebas del ataque feroz a los planteamientos que se postean en infinidad de cuentas feministas.

El caso es que, independientemente de que quienes lleguen a posiciones de poder sean mujeres u hombres, al no tener conciencia de género, todo lo que antes alguien hizo por disminuir desigualdades y discriminaciones es tachado de inútil, para frustración de las organizaciones y activistas que hicieron posibles los avances. Sobre todo muchas mujeres poderosas, que no empoderadas, consideran en sus declaraciones que ahora más que nunca las mujeres vivimos una igualdad plena, juzgan que la que no llega es porque no quiere y niegan que existan obstáculos reales para alcanzar el poder. Viven un patriarcado naturalizado e interiorizado personal y socialmente, que les impide dejar de mirarse el ombligo y culpabilizar a aquellas mujeres que no consiguen lo que desean. ¡Date con una piedra en los dientes, que a diferencia de nuestras abuelas nosotras tenemos muchas libertades! ¿Qué? ¿Quieres más igualdad?

Ante esta nueva machi-embestida, un reto importante para lograr la igualdad sustantiva, es lograr que todo lo alcanzado desde las esferas de poder en materia de género y desarrollo sobreviva a más de un periodo de gobierno, aún siendo de diferentes ideologías o corrientes políticas, generando mecanismos institucionales que perduren con el imprescindible apoyo y presión de la sociedad civil.

Es necesario además, que los gestores públicos incorporen “perspectiva de género” cuando toman decisiones y formulan políticas públicas, es decir, que evalúen las consecuencias para las mujeres y los hombres de cualquier actividad planificada, inclusive las leyes, políticas o programas, en todos los sectores y a todos los niveles. Que se aseguren de que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, así como de los hombres, sean un elemento integrante de la elaboración, aplicación, supervisión y evaluación de las políticas y los programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales, a fin de que las mujeres y los hombres se beneficien por igual y se impida que se perpetúe la desigualdad.

Urge a las feministas identificar y reconocer la persistencia de resistencias institucionales al movimiento liberador de las mujeres en todo el mundo para no llamarnos a engaño. Son resistencias encubiertas por la retórica de un discurso favorable a la igualdad que no se traduce en prácticas concretas a favor de las mujeres, sino en actos superficiales que dan apariencia de cambio sin que la lógica y estructura que sostiene al machismo se mueva en lo más mínimo, terminando, como dice María Arboleda, arañando apenas la cáscara de la patriarcalidad y la desigualdad.

La lucha feminista tiene que estar dirigida a transformar las relaciones de poder entre los géneros y esto sólo será posible si todos nos involucramos en las discusiones para definir políticas públicas que aseguren igualdad en los resultados, que los hombres no crean que esto es sólo un asunto de mujeres para que se involucren, y que muchas más mujeres, sobre todo las más poderosas, se formen en teoría de género, para que aprendan a conocer al monstruo por dentro y no lo revivan a cada rato con potentes pero infelices declaraciones.

Author: Susana Reina

Psicóloga. Magister en Gerencia de Empresas. Coach Ontológico Empresarial.
Vicepresidenta de Desarrollo Corporativo Grupo Multinacional de Seguros
Directora Fundadora de FeminismoINC. Venezolana.
Feminista

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