Hace unos días al llegar a un aula donde comenzaría a tomar un curso, uno de los caballeros que se encontraba presente decía, palabras más palabras menos,   que las mujeres  teníamos capacidades y presencia en todos los ámbitos de la sociedad, que no debía existir ninguna ley que favoreciera o equiparara al género, que no hacía falta. Aunque me estaba incorporando, no resistí la tentación de dar respuesta a tal afirmación, y los presentes, quienes por cierto eran 2 mujeres y 2 hombres, se incomodaron un poco en ese intercambio de ideas seguramente por la firmeza de mi respuesta. No estábamos peleando, ni gritando, sino que cada uno defendía su criterio de manera contundente, y cuando nos interrumpieron para comenzar, pude percibir que no sólo le restaban importancia al tema,  sino que de alguna manera hasta las mismas mujeres estaban de acuerdo con el caballero en cuestión.

Si bien es cierto  que  las mujeres estamos presentes en todas las áreas y que hemos avanzado desde el punto de vista legal, no es menos cierto que ese avance no ha sido suficiente y todavía no podemos decir que en nuestro país hay equidad e igualdad de oportunidades. Ese es el meollo del asunto.

Específicamente en el  ámbito político donde me desenvuelvo,  se nos considera muy valiosas a la hora de trabajar, pero tenemos que trabajar el doble para alcanzar alguna meta. Sin embargo, a la hora de armar las maquetas de las planchas a postular o al escoger a una candidatura para un cargo ejecutivo, curiosamente tienen preferencia los hombres. Nosotras nos convertimos en una especie de escalón, salvo algunas excepciones,  y no porque ellos sean más competentes o estén mejor preparados para ejercer la función pública, en realidad no se trata de eso, simplemente se da por hecho que son una mejor opción, lo digo con propiedad, en mi condición de concejal del municipio Caroní, al sur de Venezuela,  donde de 13 concejales principales sólo 3 somos mujeres y de los  13 suplentes sólo 2 son mujeres. Todavía en nuestro país, lo natural es que un hombre ocupe esas posiciones.

Prueba de ello es que para que haya equidad,  el Consejo Nacional Electoral debe intervenir y aprobar, mediante resolución especial, normas que garanticen los derechos de participación política de forma paritaria, tal como ocurrió en la última elección de Diputados a la Asamblea Nacional año 2015,  previa solicitud de un grupo de mujeres integrantes de partidos políticos miembros de la Mesa de la Unidad Democrática.

Aun así,  la Asamblea Nacional quedó conformada con una amplia mayoría masculina, 130 Diputados y 36 Diputadas principales, 108 Diputados y 60 Diputadas Suplentes.  Asimismo, la Junta Directiva está integrada sólo por hombres, y,  de 15 comisiones permanentes, sólo 3 están presididas por mujeres y sólo 2 vicepresidencias están a cargo de mujeres. En cuanto a los integrantes de dichas comisiones, la proporción total es 85 hombres y sólo 25 mujeres. La paridad se quedó en la postulación. (Datos obtenidos a través de la página oficial de la Asamblea Nacional)

Es difícil creer que en pleno siglo XXI siga siendo un reto  lograr el reconocimiento del liderazgo femenino, especialmente en el ámbito político. Pero es una realidad y no es sólo en Venezuela, sino a nivel mundial.  No en vano, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer defiende el derecho de las mujeres a participar en la vida pública, al mismo tiempo,  la Plataforma de Acción de Beijing insta a los estados a eliminar los obstáculos para la participación igualitaria. Mientras que Los Objetivos de Desarrollo del Milenio miden los avances hacia la igualdad de género; uno de los indicadores que utilizan para ello es el porcentaje de mujeres que ocupan escaños parlamentarios. ONU Mujeres promueve la adopción de nuevas leyes y la introducción de reformas constitucionales para garantizar un acceso equitativo de las mujeres a las esferas políticas, como votantes, candidatas, representantes electas y funcionarias públicas.

Finalmente, mi recomendación o invitación a todas las mujeres guerreras del ámbito político, es a no desmayar, no hay tiempo que perder, sigamos construyendo nuestro propio liderazgo y manifestemos abiertamente nuestras aspiraciones mientras trabajamos en función de ellas.

Author: Dorkis Castro

Concejal del Municipio Caroní del Estado Bolívar. Abogada con Estudios de Postgrado en Derecho de Familia. Estudios Avanzados en Gobernabilidad y Gerencia Política. Defensora de los Derechos Humanos. Miembro de REDAH y la Red Naranja.

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